Las muertas de Ibargüengoitia.

Laura García y Pablo González

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Un abandono, una búsqueda, una venganza pasional; así comienza la historia de Serafina Baladro, quien va en búsqueda de Simón Corona, un viejo amor que la ha abandonado en repetidas ocasiones, para vengar su sufrimiento. Serafina, junto con su hermana Arcángela Baladro, hicieron de la prostitución un negocio altamente remunerador, donde se fueron envolviendo gradualmente personajes políticos, eclesiásticos y de la comunidad.

Al inicio de la historia se evidencia cómo las hermanas Baladro han adquirido, con promesas, a las mujeres que se unen a ellas con el fin de obtener un empleo doméstico. Los personajes políticos son fundamentales en el rumbo de Serafina y Arcángela, pues logran abrir un segundo burdel fácilmente a través de servicios y recompensas. Tras una serie de muertes desafortunadas entre la comunidad de los burdeles y la llegada del nuevo gobernador, crece el horror de la historia sin dejar la indiferencia característica de las hermanas Baladro. Las muertas es una novela negra llena de pasión, poder y deficiencia política. Es una sátira para el México conservador.

Para entender el ambiente en el que se desarrolla Las Muertas (1977), hay que situarlo tanto geográfica como temporalmente en el Bajío mexicano en los años 40’s. Un México mayormente rural, centralizado en gran medida por la Ciudad de México donde las distancias eran medias por días de camino y una autonomía de gestión proporcionada por el aislamiento con la capital. Un México hegemónicamente machista en la que la función de la mujer, como asegura Marcela Lagarde en Identidad Femenina (1990) es la de reproducir y la del hombre de producir. Las hermanas Baladro, protagonistas de la obra de Ibargüengoitia, lograron construir un pequeño gran imperio de prostitución dominado enteramente por mujeres. Pese a lograr ese ascenso ‘sin querer’ las hermanas Baladro usaron técnicas de empoderamiento perfectamente definidas, para mantener el mismo frente a su familia, el gobierno, la sociedad y sobretodo frente a los hombres que ellas deseaban.

Para entender estas técnicas de empoderamiento y mantenimiento del mismo es posible dividir su poderío por niveles, teniendo como punto de partida el poder sobre sí mismas. Ante un país antes descrito, no se habla, al menos en Las Muertas, del pasado familiar de Arcángela y Serafina, más que una breve referencia al padre de éstas, quien era el anterior dueño de “México Lindo”. En la historia tampoco se menciona si provenían de una familia típicamente machista o si era matriarcal. Sin embargo ante la inserción en una región patriarcal el sobresalir mediante el carácter, asumiendo actitudes masculinas podrían haber hecho en un primer momento poner a la sociedad en contra, pero no fue así. Por el contrario, éstas al verse mujeres, aceptarse mujeres asumieron ese rol de empresarias, madrotas, carcelarias y verdugas. Con esos roles se atrevieron a desquebrajar gradualmente los estereotipos de mujer sumisa que predominaba en la cultura de México, aplastando la autoridad patriarcal. “Esa tarde fue la primera en la que se vio en un restaurante de Salto de Tuxpana a tres mujeres solas borrachas.”

De igual modo, las hermanas Baladro a lo largo de su historia fueron adquiriendo privilegios y empoderamiento que las llevó a esos papeles de empresarias, que no sólo mantuvieron sobre el control de sus negocios, sino que atravesaron territorios apoderándose, incluso, de otras organizaciones de gobierno manejándolas como mejor les convenía. Su control sobre los elementos de su entorno fue creciendo paulatinamente, gracias a los recursos que obtenían por medio de sus contactos. El empoderamiento femenino había sido algo que, hasta esos tiempos, la sociedad mexicana rechazaba por completo en todos los aspectos, más aún si se trataba de “dominio” en instituciones de poder como el ejército, la policía y el gobierno. A todo esto, Irene Casique, en su análisis Factores de empoderamiento y protección de las mujeres contra la violencia, dice que:

Cuando hablamos de empoderamiento femenino, nos referimos tanto al proceso, como al resultado del proceso a través del cual las mujeres ganan un mayor control sobre los recursos intelectuales y materiales, y desafían la ideología del patriarcado y la discriminación por género. (…) Las posibilidades de estas decisiones se basa en tres elementos, indivisibles e interrelacionados: recursos, agencia y logros. Los recursos son identificados no sólo como recursos materiales, sino también humanos y sociales.

En esta parte, se puede analizar que lo que dice Casique está íntimamente relacionado con lo que favoreció a que las hermanas Baladro lograran construir su imperio, porque los recursos, hablando meramente de lo económico, los fueron obteniendo por la explotación sexual que tenían de las chicas y las “deudas” de éstas últimas hacia las madrotas. La agencia fue una meta fácil gracias a la red de intercambios sexuales entre las hermanas y los servidores públicos. Por último, los logros son evidentes ante la apertura de un segundo prostíbulo gracias a la ayuda de sus redes de corrupción. “Años más tarde, gracias a la amistad que tuvo con un político del Estado de Mezcala (Serafina), le dieron licencia de abrir un negocio en San Pedro de las Corrientes”

De la misma forma, las hermanas Baladro mediante otras técnicas de mantenimiento del poder lograron coaccionar su pequeña comunidad de prostitutas mediante favores que esclavizaban a las muchachas que con engaños de una vida digna de empleadas domésticas llegaban a las casas a trabajar, dejando ver como dice Michel Foucault en La Microfísica del Poder (1991), el poder no es algo que venga desde arriba, las estrategias de empoderamiento son horizontales, el poder más asiduo es capilar.

Se trata, por el contrario, de coger al poder en sus extremidades, en sus confines últimos, allí donde se vuelve capilar, de asirlo en sus formas e instituciones más regionales, más locales, sobre todo allí donde, saltando por encima de las reglas de derecho que lo organizan y lo delimitan, se extiende más allá de ellas, se invierte en instituciones, adopta la forma de técnicas y proporciona instrumentos de intervención material, eventualmente incluso violentos. (Foucault, 1991).

De esta forma las Baladro lograban mantener, de manera ‘voluntaria’ a sus mujeres con deudas inventadas que jamás podrían pagar, y remuneraciones a sus familias que eran inexistentes, llegando a ver a las Baladro como protectoras, logrando coaccionar de forma en un principio sutil, muestra de ello que cuando el juez Torres decidió cancelar el México Lindo al inquirir a las mujeres sobre las hermanas Baladro sin excepción las defendieron. “Las veintiséis examinadas respondieron que no habían recibido malos tratos y que ejercían la prostitución voluntariamente”, y sin embargo después se tornó violenta. Es así como la cadena de poder no cae de lo más alto, sino que sube por sus formas más agudas de éste. Tal es el caso de Blanca, quien como casi en su totalidad de las mujeres llegaron a las casas mediante engaños y falsas promesas de trabajo en una zapatería falsa de las Baladro. Blanca fue vendida en trescientos pesos. Después fue asesinada ‘por error’, por negligencia y por evitar liberarla, y a su vez después de muerta fue despojada de sus dientes de oro.

Las hermanas Baladro de la misma forma entablaron una relación de poder, quizá no igual que con las mujeres en las casas en las que se les veía como protectoras o superiores, sin embargo una relación de igual-a-igual y un sometimiento mediante la corrupción de los cuerpos policiacos, que por interés, simpatía o torpeza estaban coludidos con las Baladro. “(Las Baladro nunca dijeron ofrecerle dinero o habérselo entregado.) Esa noche el inspector escribió un parte que mandó a la jefatura en el que dice haber roto los sellos del casino del Danzón (…) sin haber encontrado a la persona que se busca.” El poder que estas mujeres adquirieron socialmente no sólo se evidenció ante sus súbditas y la manera en que las obtuvieron, sino de igual modo tuvo impacto en las poblaciones donde sus negocios radicaban, se puede decir que el poder social de las Baladro es algo que llegó a sus manos por añadidura y sin tener conocimiento pleno de eso. “Durante cuatro años, ella le había dado quinientos pesos al mes. Cuando las puertas estaban selladas y los camiones cargados, una mujer del pueblo se acercó a Serafina y le dio las gracias, a nombre de los vecinos, por haber pagado lo que costó la banqueta.”

Su interés radicaba en el negocio, la salud o la vida de las mujeres era tema secundario, puesto que la gran mayoría de las muertes que se dieron en el Casino del Danzón fueron ‘accidentes’ o producto de la casualidad, un espiral descendente que atrapó a todos los involucrados. Esto ejemplifica claramente, el domino social que Arcángela y Serafina habían alcanzado. Sin embargo, esta relación con la policía fue la que terminó por romperse y causa de la debacle de las hermanas Baladro, ya que por una razón un tanto oscura en el libro el mismo inspector Cueto, que antes había aceptado el cohecho (se puede entender), quizá por intereses mayores o por algún impulso de moralidad, sospechó del soborno que Arcángela ofreció, pensando en crímenes aún mayores, cuales eran ciertos. El poder no es algo que se posea, no es un bien o una riqueza, el poder como dice Foucault brinca de aquí para allá, se transmite y sublima:

El poder tiene que ser analizado como algo que circula, como algo que no funciona sino en cadena. No está nunca localizado aquí o allí, no está nunca en las manos de algunos, no es un atributo como la riqueza o un bien. (Foucault, 1991)

El poder que por mucho tiempo mantuvieron las Baladro con y sobre la policía, pese a ser perseguidas, terminó por caer y con él, el tortuoso mandato sobre las mujeres sobrevivientes. No obstante, Arcángela y Serafina quisieron retener este poder, confiando en la ayuda de sus redes de privilegios con sus ‘amigos’ influyentes “-Nomás espérense a que nuestros amigos influyentes sepan lo que están haciendo con nosotras y verán quién tiene la razón” (Ibargüengoitia, 1977, p. 138) Aferrándose al poder una vez ganado y ahora perdido y con esta pérdida el poder se transfirió a las mujeres que en esta ocasión declararon contra las Baladro con toda libertad.   “La tercera parte del libro se intitula Entregas. Es lo que paga Arcángela a las autoridades para estar en paz con el municipio. (…), diez pesos diarios a los policías que estaban en turno en la cuadra, sesenta al Presidente Municipal, sesenta al inspector de policía, etc”.Corroborando al final que todas las sospechas de soborno era ciertamente verdaderas.

Otro elemento fundamental de las hermanas Baladro, fueron sus influencias dentro de la milicia, donde el papel del capitán Bedolla no es una casualidad dentro de la historia. Es él quien ejemplifica claramente la forma de manipulación y poder que ejercen los papeles femeninos sobre la idea patriarcal dentro de Las Muertas (1977). Con este personaje se puede contrastar la función masculina en contraste a “la mujer transgresora”, como denomina Liliana Mizrahi a las mujeres que adquieren poder sobre cualquier costumbre y estereotipo. Es ante Bedolla, donde las hermanas Baladro se rebelan contra cualquier estereotipo y lo utilizan como su principal herramienta de empoderamiento, pero esto es posible gracias a la disposición del capitán de ser su subordinado. “Síntoma es rebelión, insubordinación. Una rebelión no instrumentada. En esta dualidad uno es el que obedece y es también el que insubordina. Uno sabe qué es el bien y el otro no debe replantear sino aceptarlo y asumirlo.” (Mizrahi, 2003)

Tal como lo dice Liliana Mizrahi, las hermanas Baladro hicieron su propia rebelión no instrumental, al mover sus redes y formas de negociación para mover los hilos del ejército en su favor. Ibargüengoitia muestra esto diciendo “Unos meses más tarde, cuando Serafina, en su afán de venganza, quiso comprar un arma más poderosa que la pistola que tenía y contratar un maestro de tiro, Arcángela recomendó como hombre digno de confianza al capitán Bedoya.” Por otro lado, el Capitán Bedolla se convirtió en el subordinado de Serafina, principalmente, desplazando sus mismas responsabilidades militares por una mujer.

El capitán había inventado patrullas, escoltas y ejercicios a campo traviesa para entretener a sus soldados, de manera que aquel medio día no hubiera en el cuartel más que la escuadra de guardia. Serafina recibió del capitán la instrucción preliminar sobre el uso de las armas y después hizo su primera descarga —errática— en el pequeño stand de tiro del destacamento, sin que la contemplaran ojos indiscretos ni se hicieran comentarios burlones. Terminada la práctica, el capitán la llevó a la comandancia, en donde el catre de campaña resultó demasiado estrecho y el piso de cemento demasiado frío, por lo que hubo necesidad de cambiar de sitio la máquina de escribir y hacer el amor sobre la mesa de trabajo, ante un mapa detallado de la zona militar.

En esta parte Ibargüengoitia plantea la manera en que las hermanas Baladro se vieron beneficiadas gracias a las redes de poder que poco a poco fueron formando. Este empoderamiento, como se ha dicho anteriormente, va creciendo gracias a los recursos y contactos de las hermanas. Estos medios jugaron un papel elemental en el poder de estas mujeres como lo explica Casique:

Uno de los elementos que puede ir asociado al empoderamiento de las mujeres es la disponibilidad de recursos (económicos y sociales). La relación que se establece entre empoderamiento y recursos es en realidad bidireccional. Se presume que el acceso y la disponibilidad de recursos facilitan el empoderamiento de las mujeres, a la vez que el empoderamiento le da acceso a más y nuevos recursos. (Casique, 2009)

De forma general, es sabido que las hermanas Baladro se hicieron de sus redes de poder gracias a su negocio de la prostitución y a base de mentiras o favores sexuales con grandes autoridades. Sin embargo, es importante destacar nuevamente que su historia tuvo lugar en la década de 1940, donde la imagen de la mujer en México era demeritada y subestimada. Mas esto no representó un impedimento para que ellas forjaran su papel protagónico que involucró aspectos sociales, políticos y militares. Liliana Mizrahi, en su obra La mujer transgresora habla sobre los actos femeninos y la fortaleza que han ido tomando en relación a las costumbres machistas. Mizrahi sostiene que el empoderamiento de la mujer en vez de sentirse pisoteado por los actos costumbristas, se ha alimentado de ellos, como lo hicieron Arcángela y Serafina.

Así como todavía encarna valores culturales como la sumisión y la mansedumbre, la mujer tiende a actuar, cada vez con más fuerza, su par antimónico: la ruptura y la transgresión. Mientras en ella el sometimiento se convierte en fuerza crítica, la ruptura aparece más como parte de su naturaleza. (Mizrahi, 2003)

Esta acción promete resultados viables cuando el personaje femenino lo mezcla entre la lucha por destruir el pasado y se alimenta de esas costumbres que por tanto tiempo la han arraigado a ser sumisa. “La mujer transgresora realiza un esfuerzo constante por superar el acoso de sus propios aspectos ancestrales y por alcanzar nuevamente el control y el gobierno de su ser autónomo.” (Mizrahi, 2003)

Satirizando esto último, pero de igual modo justificándolo, en Las Muertas, las Baladro pretenden jugarse un papel de decencia, como debía hacerlo una mujer en sus tiempos, sin embargo detrás de todo eso se tejía una red poderosa de prostitución.

A mi esposa le causaron tan buena impresión que les ofreció vermut con galletas y ellas se lo tomaron con mucha decencia, sin decir palabrotas ni emborracharse. Después ofrecí llevarlas a los terrenos y mi esposa nos acompañó. ¿Quién me hubiera dicho que estábamos en el mismo coche mi esposa y yo y dos lenonas?

Sí, aquí hay trabajo, pero no de criada. Si vienes a trabajar en esta casa será de puta”

Arcángela Baladro

Las Muertas, Ibargüengoitia, 1977

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