La vida virulenta: El Juguete Rabioso.

Por Tony Carracedo y Pablo González @pablodanielglez

“Baldía y fea como una rodilla desnuda es mi alma”

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Una espiral de desgracias, una autobiografía del desencanto. El Juguete Rabioso (1926) de Roberto Arlt narra la historia Silvio Astier y su deseo desmedido de trascender dentro del arrabal porteño, orillado y orillándose a una cadena de fracasos. Dividida en cuatro capítulos, la novela se adentra en la soledad de Silvio, que por diversión y porque no hay otra cosa que hacer, comienza a robar libros dentro del Club de Caballeros de la Media Noche y en la antesala de su mayor golpe: La Biblioteca, fracasa y el grupo se disipa.

Haciendo caso a su madre, consigue un trabajo en la librería del ruin de Don Gaetano quien humilla y desprecia a Silvio, y éste, ávido de venganza planea incendiar la librería fracasando nuevamente. Después, por una extraña fortuna entra a la escuela de aviación como mecánico, disfruta de buena reputación por su agilidad mental pero es despedido porque necesitan más músculo que cerebro, otro fracaso. Finalmente como corredor de papel logra lo que más deseaba, trascender, quizá como traidor, quizá como desleal pero ¿qué importa si la vida es así? Roberto Arlt en su novela El Juguete Rabioso presenta un personaje cuya angustia empujada por el entorno hostil busca trascender, de cualquier forma.

Todo hombre se perfecciona a costa de la lucha que sostiene con el duende que es un poder misterioso. El duende ama el borde, la herida, y se acerca a los sitios donde las formas se funden en un anhelo superior a sus expresiones. El duende hiere, y en la curación de esta herida, que no se cierra nunca, está lo insólito, lo inventado de la obra de un hombre.

Federico García Lorca, Teoría del juego y el duende.

Es así que Roberto Arlt aborda a Silvio, un duende que ama el borde, la herida y el anhelo de superioridad. Elevarse mediante la herida, creando heridas que no cierren, heridas perpetuas, obra del hombre, de Silvio.

Sin embargo Silvio desde el comienzo de la historia se muestra con la angustia, angustia física y mental, devorando libros de Bandoleros y soñando ser como uno de esos bandidos de los libros. Silvio siempre en busca del hurto, de la insolencia “Si entrábamos en un café y en una mesa había un cubierto olvidado o una azucarera y el camarero se distraía, hurtábamos ambas” perseguido o persiguiendo la angustia que como dice Paul Diel es la falta del sentido del peligro actual por un peligro mayor y lejano, pero constante. “La angustia es el producto de una retención imaginativa del temor. Temor representado, la angustia es un estado de inquietud que no se siente frente al peligro actual, sino frente a un peligro solamente reconocido como posible”. Así Silvio busca el peligro futuro, inyección de adrenalina intravenosa. “Cuando durante el día no habíamos podido hacernos con nada, estábamos cariacontecidos, tristes de nuestra propia torpeza, desengañados de nuestro porvenir”.

La familia de Silvio muestra los dos ejemplos perfectos de la alquimia patas pa’arriba y su opuesto. Silvio aprende con base en sus experiencias, trabajos, amigos; poco a poco incluye a los libros pero no bajo la enseñanza de un tercero, él lo adapta a su forma de vida. Por otro lado, su hermana Lila es la persona adiestrada por la sociedad. Ya que es el ejemplo perfecto de lo que se espera de cualquier persona; la sociedad ya predispone un destino a cada individuo dependiendo del cómo hace las cosas.

La trascendencia de Silvio inicia hasta que él se da cuenta de que las masas están unificadas, ¿y cuándo es esto? Ese momento llega cuando no lo aceptan en el ejército. Todo inicia cuando tenía que ser entrevistado por un capitán para ser mecánico de aeroplanos en el ejército. Durante la plática surge lo siguiente:

– Usted tiene que estudiar, estudiar mucho, si quiere ser algo.
Yo pensaba, sin atreverme a decirlo:
“Cómo estudiar, si tengo que aprender un oficio para ganarme la vida”.
– Usted tiene condiciones innegables, pero estudie, usted cree que porque piensa lo ha hecho todo, y pensar no es nada más que un principio.

Posteriormente el capitán le dice “Vea, amigo, el capitán Márquez me habló de usted. Su puesto está en una escuela industrial. Aquí no necesitamos personas inteligentes, sino brutos para el trabajo”. En pocas palabras Astier no pertenecía al grupo del ejército, ni tampoco pertenecía a su familia. Su mamá le reprochaba el hecho de no conseguir trabajo. No obstante no lo contrataban por no tener el conocimiento requerido, sino que sabía lo mismo o más que los demás. Pero eso no le permitía trascender, ¿o será que Silvio busca un camino opuesto a su destino?

Todos los movimientos que se han tenido que llevar a cabo en el mundo para iniciar una nueva cultura social. Carlos Hernández autor del Vértigo comunicacional, caos global (2003) declara que en este momento “Se vive un vértigo global” ya que la sociedad le teme a la pérdida de la identidad nacional, el vértigo cultural donde las personas se ven obligadas a convivir con otras cuyas costumbres son completamente opuestas a las suyas. Carlos Hernández comenta que la globalización es causante de la pobreza. Menciona que las regiones más pobres del planeta son precisamente las que por una razón u otra decidieron deslindarse de occidente, romper por completo con los valores culturales que consideraron extraños a sus realidades y organizaron sus propias instituciones de acuerdo a modelos contrarios de la apertura global, tal como África, América Latina y las naciones ex-socialistas. Silvio era un hombre esclavo de la pobreza y la continua pérdida de suerte. Su refugio era la lectura, libros de todo tipo, creaba un mundo alternativo a su realidad; bandoleros, héroes y villanos. Esto hace que la pobreza económica no pase a la mental, Silvio era inteligente y era la diferencia entre todos lo que lo rodean. Era la mente brillante en “El Club de la Media Noche”. La globalización hace que el valor sea lo económico convirtiendo lo mental en algo inexistente e inútil. Por lo mismo Silvio nunca pudo salir adelante, su suerte no debía ser marcada por la inteligencia.

Después de que Silvio traiciona a Rengo, él se queda con Vitri y comentan lo siguiente:

Se cumple con una ley brutal que está dentro de uno. Es así. Es así. Se cumple con la ley de la ferocidad. Es así; pero ¿quién le dijo a usted que es una ley?, ¿dónde aprendió eso?
Repliqué:
– Es como un mundo que de pronto cayera encima de nosotros.

Al final Silvio descubre que necesita a alguien más para trascender, no lo puede hacer solo y con sus convicciones. Pero para entrar al mundo de la globalización necesita operar las leyes de los demás, o quizá no para entrar a ese mundo sino para mejorar su suerte. Necesitó del apoyo de una fuerza social, en éste caso fue Vitri, quien además de entender a Silvio, le mostró un nuevo camino donde sí podría trascender. Su mala suerte se debía al temor de los grandes (económicamente) personajes que aparecen en el libro. Todo está muy bien mientras se pueda controlar a la sociedad. “Se cumple con una ley brutal que está dentro de uno”; estar al nivel de todos para ser sometido y controlado.

Silvio Astier, impulsado por la angustia y el deseo de destrucción involuntaria, (que de involuntaria habría que dejarlo entre dicho) es movido por esa aspiración de trascendencia, el robo a la Biblioteca es muestra de un amor-odio y deseo de darse a notar, sin embargo su preocupación por su madre aparenta ser real. La dualidad de la vida posmoderna, abandonada a su suerte el individuo, en este caso Silvio Astier, se ve abismado por la vida, así lo afirman Gianni Vattimo, Andrés Ortiz y otros profesores de la Universidad de Deusto.

El resultado es una articulación de puntos de vista, inflexiones y reflexiones que proyectan algo así como una filosofía del sentido atravesado por su falta o falla. En efecto, la búsqueda de la significación resulta tortuosa y contrapunteada por la insignificancia o el contrasentido.

Por lo que Silvio sumergido en el espiral posmoderno y el arrabal de Buenos Aires, no encuentra sentido en vanagloriar sus placeres, pese a su afín sentido con la lectura, no tiene problemas en saquear la Biblioteca, como orinar en su templo, no hay sentido, hay un contrasentido.

Así conversábamos en torno de la mesa del café, sombríos y gozosos de nuestra impunidad ante la gente, ante la gente que no sabía que éramos ladrones, y un espanto delicioso nos apretaba el corazón al pensar con qué ojos nos mirarían las nuevas doncellas que pasaban, si supieran que nosotros, tan atildados y jóvenes, éramos ladrones…¡ladrones!…

Para Silvio no hay un sentido fastuoso en la honradez, no hay moralidad que valga en el abandono de la sociedad, no importa robar, destruir, lo que importa es el contrasentido, darle a esa vida posmoderna una vida verdadera.

Este nihilismo abierto, de superficie, condiciona al personaje autobiográfico de Roberto Arlt en una búsqueda decadencia social del deseo enfurecido de trascendencia personal, expulsándolo de la comunidad, un ser periférico, que no congenia con los valores ni la moral moderna, tan obsoleta y añorada. Un deseo del lo siniestro, Silvio se convierte en el ser siniestro arrojado a la sociedad, la maldad condicionada por las convenciones sociales.

Para Lacan lo siniestro se produce cuando en ese lugar, caracterizado por la ausencia, aparece el objeto a. Pero el objeto a apareciendo en ese lugar implica la aparición de una presencia invisible que organiza el mundo de lo visible, es decir, el mundo del que lo ve. ( Rabinovich)

Porque Silvio no quiere ser encarcelado o castigado, busca la impunidad, que su huella quede intacta e impune, por eso hace sus agravios a la sombra de la oscuridad o la ilegalidad, por eso quema la librería cuando no es visto. “Eso es…”, y sin vacilar, cogiendo una brasa, la arroje a un montón de papeles que estaba a la orilla de una estantería cargada de libros, mientras María se ponía a caminar.” Y continúa en esa misma página “En la oscuridad yo sonreía libertado…Libre…Definitivamente libre, por la conciencia de hombría que me daba mi acto anterior. Pensaba, mejor dicho, no pensaba, anudaba delicias”. Así Silvio busca generar el caos pero sin ser visto, ser lo siniestro, lo que no se ve pero está presente, ser el generador del caos, pero detrás de la línea, invisible periférico. De esta forma Silvio se declaraba malvado pero en la sombra, impune, disfrutando de la desgracia ajena, sabiéndose creador de aquel caos, arquitecto de la desgracia de otros.

Silvio busca darle un sentido a su vida sin sentido, creando heridas que supuran, y como en la Teoría y juego del duende de García Lorca, Silvio busca perpetuar su existencia mediante heridas perennes, fallando constantemente, y como lo dice Ortiz-Osés este deseo de existencia nihilista de sentido se debe a la ausencia de dios. “Podríamos otorgar al Sentido de la existencia el nombre de <>, para consignificar precisamente este doble movimiento de trascendencia e inmanencia, de verticalidad y horizontalidad. Y supone una existencia que va más allá de una vida convencional. Así Silvio al delatar a Rengo, siente a un Dios punitivo pero sin alarma, aceptando (¿con gusto?) su castigo.

-¿Por qué? Dios lo sabe. Aunque pasen mil años no podré olvidarme de la cara del Rengo. ¿Qué será de él? Dios lo sabe; pero el recuerdo del Rengo estará siempre en mi vida, será en mi espíritu como el recuerdo de un hijo que se ha perdido. El podrá venir a escupirme en la cara y yo no le diré nada.”

Silvio en ese momento, parece haber logrado su gran cometido, haber hecho la gran herida que perduraría en Rango por siempre, y así lograba el destino que se había planteado, ser herida perenne. “Una tristeza enorme pasó por mi vida. Más tarde recordaría siempre ese instante”

Quizá Silvio no necesitó de palabras especiales para ser adiestrado por la sociedad, de hecho se puede decir que para Silvio fueron simples órdenes que nunca siguió. La esencia divina que motivó a Silvio fue el vértigo y la necesidad de trascender. Pero por la búsqueda de la misma tuvo que caer y caer y caer, hasta darse cuenta que no podía correr en contra de los predispuesto. Su hermana jamás “profería una queja de disgusto y sumisa al destino amargo empalidecía sobre sus libros”. Un destino amargo, ¡ella también! Entonces la trascendencia no tiene que ver con la educación ni el adiestramiento sino con el destino. El libro marca la angustia que implica vivir cuando el destino y la sociedad condenan a la persona al fracaso y la miseria. Silvio vive todo el desasosiego, lo que intenta hacer, en lo que trabaja y hace; todo le sale mal porque lo intenta de la manera contraria a lo marcado. En cambio cuando analiza el cambio el resultado sale bien. Sin embargo Silvio logra su cometido al quedar en la sociedad como un paria, se acepta como un ser maligno, un ser siniestro, se sabe herida en la sociedad, y así logra su destino, triunfa.

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