Scribe ergo sermo: hablo, luego escribo.

“La tecnología más compleja que manejan los periodistas es el lenguaje, la palabra”

Gabriel García Márquez

escritura

Pablo González

@pablodanielGlez

Como animal social, la humanidad requiere de comunicarse, y el análisis del discurso es el estudio de estos procesos comunicativos, de forma y de fondo, el qué, cómo y para qué.

El desarrollo del ser humano, como forma de vida inteligente requirió el desarrollo de una cultura, y el primer paso es satisfacer la necesidad de comunicarse, crear lenguaje. Al principio solíamos comunicarnos mediante señas y, debido a la necesidad de constante supervivencia requerimos comunicarnos a distancia y sin necesidad de vernos, comunicarnos en la oscuridad y en lo oscurito. Desarrollamos sonidos mediante los cuales nos reconocíamos y expresábamos estados de ánimo, sin embargo hacía falta una mayor complejidad y desarrollamos el habla, con la finalidad de poder relacionarnos más complejamente y crear una sociedad. Como dice Helena Calsamiglia en su libro Las cosas del decir (2007) “La función social básica y fundamental de la oralidad consiste en permitir las relaciones sociales”. Sin la oralidad, sería imposible la vida social compleja como la conocemos.

Como comunidad altamente especializada, necesitamos vivir en sociedad, ya que cada individuo tiene una tarea específica para la supervivencia, hay panaderos, gobernantes, artistas, periodistas, etc. Necesitamos de los otros para sobrevivir y estamos sujetos a estas relaciones entre personas. Así apunta Calsamiglia en su libro. “Como miembros de grupos socioculturales, los usuarios de las lenguas forman parte de la compleja red de relaciones de poder y de solidaridad, de dominación y de resistencia, que configuran las estructuras sociales, siempre en tensión entre la igualdad y la desigualdad, la identidad y la diferencia”.

Sin embargo, pese a ser una habilidad, que prácticamente todo ser humano posee, el habla no es algo instintivo que sepamos inmediatamente al nacer, se aprende. Mediante la escucha y repetición, el bebé escucha un sonido y lo relaciona con algo, y así comienza a desarrollar esa abstracción de conceptos, situaciones, personas, sensaciones, estados de ánimo a sonidos que ella o él pueden reproducir mediante su boca, con una intención de que alguien más lo escuche.

Así desarrollamos convenciones que se heredan y se transmiten, “reglas del juego” o competencias comunicativas, todo aquello que debemos saber para poder comunicarnos, modulación de la voz, cuándo hablar, cuándo callar. Esta competencia oral es tanto la gramática y vocabulario como todos esos elementos no lingüísticos que engloba la comunicación oral. Dígase voz, tono, timbre, velocidad, etc. Que pese a no ser parte del texto, tienen una gran connotación en la construcción de mensajes. “Los gestos pueden sustituir a la palabra (casos de los emblemas) repetir o concretar su significado (caso de los deícticos), matizarla, contradecirla o, sencillamente, servir para acompañarla y hacernos sentir más a gusto o manifestar nuestra incomodidad”. (Calsamiglia, 2007). Con la intención de lograr que nuestro mensaje lo comprenda a quien lo dirigimos.

No obstante, como bien sabemos, no siempre cuando nos comunicamos lo hacemos frente a una o más personas, en ocasiones nos comunicamos remotamente, por teléfono, sólo escuchamos la voz y no podemos observar muchos aspectos para-verbales. Así como la tecnología multimedia ha llevado a que la comunicación oral pueda ser no presencial, los programas de radio, de televisión, conferencias en video, etc. Sólo el emisor es capaz de comunicarse, tomando el rol de emisor, y la audiencia tiene un único papel de receptor, sin interacción inmediata. Esta forma no presencial de comunicación tiene sus formas y marcas.

De la misma forma, un tipo de discurso clásicamente unidireccional es el lenguaje escrito, la expresión de cultura por abolengo, quien sabe leer y escribir es alfabeto, y quién sabe escribir muy bien, es una persona culta. Y por el contrario quien sólo es capaz de comunicarse mediante el habla y es incapaz de entender y redactar un texto se le considera analfabeta y es en un sentido rechazado por la sociedad.

En todos lados vemos letreros, textos, publicitarios, académicos, en el autobús, rótulos en la calle, y demás. Y como aparece en la cita de Gabriel García Márquez, “La tecnología más compleja que manejan los periodistas es el lenguaje, la palabra” la palabra y más particularmente la palabra escrita es la tecnología que cambió por completo el desarrollo académico de la humanidad, no sólo del periodismo.

Gracias a la palabra escrita, se ha desarrollado todos los estudios, dado que tiene la capacidad de ser permanente e inalterable, un texto escrito hace más de mil años, puede sobrevivir en nuestros días y ser leído tal y como se escribió entonces. “El texto escrito puede ser consultado, analizado y al permanecer invariable, es el testimonio de la historia del individuo y la comunidad” (Calsamiglia, 2007) Es una forma de comunicación atemporal puesto que tanto puede leerse hoy como en un mes o en un siglo.

Sin embargo estas grandes cualidades, involucran reglas de juego o competencias más complejas que el lenguaje hablado, como dijimos anteriormente, el habla es un comportamiento al mismo tiempo aprendido y evolucionado, la escritura es indudablemente, (al menos hasta ahora) una habilidad aprendida, quien no es instruido de una manera más o menos formal, difícilmente logrará aprender a escribir por cuenta propia, puesto que el mero concepto de escritura implica una abstracción aún superior al habla, el plasmar en símbolos no mayor a treinta y dos caracteres en cualquier idioma, casi todo concepto en el mundo. “La reflexión y la abstracción se ha potenciado a través de la escritura” (Calsamiglia, 200).

Esta abstracción del habla en símbolos impresos engloba implicaciones psicológicas, puesto que se genera un silencio en la comunicación. A la hora de leer, el individuo generalmente se encuentra en afonía frente a un ruido de información muda. Así como dos procesos psicológicos no presentes antes de la escritura, la producción (escritura) y la interpretación (lectura), el lector se encuentra solo frente al texto, sin el autor para aclarar situaciones, depende de sí mismo y de su contexto para entender el escrito y de la misma forma el emisor está dependiendo que su texto sea bien comprendido por su receptor, por lo que es necesario que este lo realice con mayor cuidado. “La escritura, al provocar la descontextualización respecto a la situación, exige una elaboración mayor del mensaje” (Calsamiglia, 2007) De ahí que alrededor de esta tecnología se haya desarrollado un arte entero, como la literatura, con estudios de formas y fondo sobre sí misma.

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