D’Artagnan: un héroe inmortalizado en la ficción

Lucía Bolivar

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Hace poco vi que se iniciaba una adaptación más a la pantalla de una de las más famosas novelas de Alejandro Dumas, aunque no mi favorita (El Conde de Montecristo fue mi primer libro y siempre tendrá un lugar especial en mi corazón) y recordé como mi padre siempre decía “No es lo mismo los Tres Mosqueteros que veinte años después”, haciendo referencia al inevitable paso de los años.

Entonces recordé también al mosquetero favorito de todos, D’Artagnan, de quien, les contaré hoy. Muchos personajes han siempre danzado en esa delgada línea entre la historia y la ficción: Robin Hood, El capitán tormenta, Aquiles, etc. ¿Existieron y sus vidas inspiraron a los escritores o salieron puramente de su imaginación? Al menos en el caso de D’Artagnan, la respuesta es la primera.

Charles Ogier de Batz de Castelmore, Comte d’Artagnan nació aproximadamente en 1611 en el castillo de Castelmore, en Gascuña. Su madre, Françoise de Montesquiou d’Artagnan, descendía de una familia famosa por darle a Francia importantes capitanes.

Así que para 1630, Charles se dirigió a Paris en busca de gloria y fortuna. Habiendo crecido practicando la caza y entrenándose en el manejo de armas, entró al servicio del rey Luis XIII, logrando ingresar en pocos tiempo a la Compañía de Mosqueteros Reales. Se dice que años después, fue el propio rey quien le sugirió usar el apellido de su madre, por el renombre que este conllevaba.

Combatió con valentía en Flandes y Lorena, así como en la guerra de España, donde fue también mensajero y agente secreto. En 1643, entró al servicio del cardenal Mazarino cuando se disolvieron los mosqueteros y llego a ocupar el cargo de Teniente del regimiento de guardias.

Para 1654, después de acompañar a Luis XIV en su ceremonia de coronación en Reims, alcanzó el grado de capitán. Cuando en 1657, el rey decide reestablecer la compañía de Mosqueteros, fue el segundo al mando, aunque quien ejercía realmente el control.

Se casó con Anne Charlotte Champlecy, con quien tuvo dos hijos. El mayor fue apadrinado por el propio rey y la reina, y el segundo por el Delfín, hijo del rey. Llegando con el tiempo, ambos, a oficiales de la guardia francesa.

D’Artagnan encontró la muerte poco después de haber sido nombrado gobernador de Lille, cuando llegó con su ejército a sitiar Maëstrich. Se dice que tras lanzarse a un asalto el duque de Monmouth, bastardo del rey Carlos II, D’Artagnan fue en su auxilio y fue alcanzado en la garganta por una bala. Muchos mosqueteros muriendo para recuperar su cadáver.

A su muerte, Luis XIV declaró “D’Artagnan y la Gloria tienen el mismo ataúd”.

Para finalizar, mis queridos lectores, se dice que sus descendientes llegaron nada más y nada menos que a nuestro México a finales del siglo XIX, cobijados por la casa de los Toral, en el estado de Puebla. Así que ustedes o yo podríamos resultar tener por ahí perdidos genes espadachines.

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