La mala educación

“[El sistema educativo mexicano] es como un autobús con un motor dañado que está en un camino cuesta arriba, lleno de baches y, de repente, un grupo de personas dicen que la solución para que vaya más rápido es capacitar a los chóferes”

Verónica Calderón (El País)

A lone protester stands behind a barricade while holding onto a piece of wood near the Zocalo in Mexico City

Fotografía: Reuters

Hoy sábado ocurrió otra vez. Contingentes de maestros marcharon desde el Paseo de la Reforma de la capital de México hacia la residencia presidencial de Los Pinos. Igual que el viernes, cuando cientos de profesores se manifestaron frente a la Secretaría de Gobernación de México, en el corazón del DF. El jueves también lo hicieron, en la salida de las carreteras que conducen a Querétaro y Puebla. Y el martes, que protestaron frente a las embajadas extranjeras en la ciudad. Y el domingo, que marcharon junto al líder opositor Andrés Manuel López Obrador. Y la semana pasada. Cuarenta días, desde que las protestas iniciaron el 18 de agosto.

La protesta, como muchos capitalinos ya saben a estas alturas, es por la reforma educativa promovida por el presidente Enrique Peña Nieto y aprobada este mes en el Congreso. El movimiento, que ha desquiciado la vialidad de la ciudad –escenario de cientos de manifestaciones cada año–, ha quedado reducido desde el desalojo del Zócalo hace dos semanas, pero no ha desaparecido. Los profesores, que pertenecen a una de las secciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), afirman que el nuevo sistema de evaluaciones previsto en la reforma atenta contra el derecho a la educación de los mexicanos.

Pero el problema es mucho más grande que eso. México tiene uno de los sistemas educativos más grandes de América Latina y es tan ineficaz como su tamaño. Es una costumbre que el país se sitúe en el último sitio del informe PISA de la OCDE. De cada 100 niños que estudian la primaria (unos 33,5 millones este año), solamente 62 la terminarán y únicamente 13 alcanzarán la universidad.

Tres de cada 10 escuelas no tienen biblioteca. Nueve de cada 10 no tienen laboratorios

La reforma educativa es un paso, pero es insuficiente. El inciso más polémico, la evaluación a los profesores (un proceso inexistente hasta ahora en el sistema mexicano), alivia un síntoma pero está muy lejos de curar la enfermedad.

Una imagen lo ilustra bien. “[El sistema educativo mexicano] es como un autobús con un motor dañado que está en un camino cuesta arriba, lleno de baches y, de repente, un grupo de personas dicen que la solución para que vaya más rápido es capacitar a los chóferes”, explicaManuel Gil Antón, investigador del Centro de Estudios Sociológicos del Colegio de México (Colmex).

El desorden comienza porque no existe un censo gubernamental del total de escuelas y profesores que hay en el país. En otras palabras: el país no sabe ni cuántos planteles tiene ni a cuántos maestros le paga. “El Gobierno acaba de recuperar [con la Reforma educativa] el control de la educación que había cedido –no se lo habían quitado, lo había cedido– a los sindicatos”, añade Gil Antón. El investigador se refiere al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, liderado hasta el año pasado por la polémica Elba Esther Gordillo (ahora encarcelada por supuestos actos de corrupción), y a su escisión, la CNTE. Después de la detención de Gordillo, el SNTE, el sindicato más grande de América Latina, ha perdido poder.

México no sabe ni cuántos planteles tiene ni a cuántos maestros le paga

Pero hay mucho por resolver. México dedica más presupuesto a la educación (un 6,2%) que España (un 5,2%) o Suiza (un 5,1%). Pero el 93% se va a pagar salarios y, mientras tanto, ocho de cada 10 niños suspende en las pruebas internacionales. Y las necesidades son muchas. El presidente Enrique Peña Nieto reconoció en su informe de Gobierno que al 65% de las escuelas públicas del país les faltan muebles y, en algunos casos, hasta sanitarios.

Mexicanos Primero, una ONG que estudia el estado de la educación en el país, va un paso más allá: dice que el 59% de los niños del país no asisten a centros educativos, sino guarderías. Tres de cada 10 escuelas no tienen biblioteca, nueve de cada 10 no tiene laboratorio. El 20% de las escuelas del país tiene “necesidad urgente” de reparación y mantenimiento. El diagnóstico es tajante. El sistema educativo mexicano es “ineficaz, inequitativo, insuficiente, opaco y corrupto”, afirmó el presidente de la organización, Claudio X. González, en una entrevista con el periodista Carlos Puig. Solo cuatro de cada 100 pesos destinados a la educación van para becas. “El gasto no está diseñado para que los niños aprendan”, agregó.

Y a eso hay que añadir la corrupción. Solamente en Veracruz, al este del país, al menos 1.321 millones de pesos (cien millones de dólares) se esfumaron, según el informe Mal(Gasto), estado de la educación en México, elaborado por Mexicanos Primero y difundido esta semana. No hay documentos ni pruebas sobre el destino de ese dinero. Y el caso no es, en absoluto, aislado.

El diagnóstico más claro lo da una niña, alumna de una primaria, entrevistada en el informe. “A cada rato cambian al maestro y no tenemos clases y no aprendemos nada. Eso le pasó al grupo de mi hermano. Cuando entraron a tercero [de primaria] les preguntaron las tablas de multiplicar y no sabían nada. Sacaron puros cincos [suspendían] porque no les enseñaban nada”.

Los resultados de la reforma educativa –que los analistas juzgan insuficiente– tardarán años en producirse. Los maestros de la CNTE, por otro lado, han anunciado que continuarán las manifestaciones hasta nuevo aviso. Y México, también hasta nuevo aviso, mantiene la mala educación.

 

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