El grito del desencanto de la Primavera árabe

Milagros Sandoval

Foto: EFE

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El grito del desencanto de la Primavera árabe resuena en la Plaza Tahrir de El Cairo, mientras que la Primavera busca un lugar a sangre y fuego en las calles de Siria, y vive silenciosa en Túnez, Yemen, Libia, Bahrein y Jordania.

El clamor de la frustración retumba en la emblemática plaza ante el incumplimiento de las expectativas político-económicas generadas por el presidente Mohamed Mursi, principal beneficiario de la Revolución del 25 de Enero.

El triunfo del “moderado hermano musulmán” Mursi en las elecciones democráticas celebradas en junio de 2012, con el 51.7 por ciento de los votos, trajo esperanzas de un Renacimiento o “Nahda”, pero como él mismo reconoció el pasado 30 de junio al cumplir un año de gobierno, se necesitan “profundas y rápidas” reformas en el país del Nilo.

Mursi, que sintomáticamente blindó sus poderes tan sólo cinco meses después de acceder al gobierno, tiene hasta mañana de plazo para solucionar la situación tras el ultimátum de 48 horas que le ha dado el ejército.

Aunque la llama del descontento y la frustración la prendió el joven tunecino Mohamed Buazizi al inmolarse en diciembre de 2010 ante las nulas oportunidades vitales, la Primavera árabe en Egipto fue la que mayores esperanzas suscitó debido a su tradicional peso en el mundo árabe.

En la actualidad, la Primavera guarda silencio en Túnez en su búsqueda de consolidación y donde cuenta con el apoyo de la Unión Europea como salida a sus mercados.

En Siria, Bachar al Asad, aquel joven que a su llegada al poder, tras la muerte de su padre en el 2000, hizo pensar en que dirigiría el país con nuevas políticas, dio carpetazo a toda esperanza al reprimir a sangre y fuego las manifestaciones surgidas en marzo de 2011 en demanda de mayores libertades.

La Primavera siria se tiñó de sangre con una guerra civil en la que ya han muerto mas de 90.000 personas, según cifras de la ONU, y vive inmersa en “matanzas ejecuciones sumarias y torturas” por parte del régimen y de los opositores.

En los últimos meses las alegaciones, rumores y acusaciones por ambas partes del uso de armas químicas ha ido en aumento.

En Libia, los partidos políticos tienen aún pendiente una etapa nacional de consensos para culminar la transición tras el fin del régimen del dictador Muamar al Gadafi en octubre de 2011.

La Asamblea Nacional libia publicó este año una ley que excluye de la vida política a toda persona que haya ocupado un puesto de responsabilidad bajo el régimen de Gadafi.

En Yemen el presidente, Abdo Rabu Mansur Hadi, elegido en febrero de 2012 para liderar el proceso de transición hacia la democracia, tiene pendiente la preparación de elecciones presidenciales y legislativas para febrero de 2014.

En Baréin, a mediados de junio pasado decenas de personas resultaron heridas en enfrentamientos entre manifestantes opositores y la policía, que hizo un uso excesivo de la fuerza para reprimir las protestas, denunció la opositora Coalición 14 de Febrero.

En Jordania, en una reunión celebrada en mayo pasado a orillas del Mar Muerto, el presidente del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, pidió apoyo a las actuales transformaciones que vive el mundo árabe tras las revueltas de la llamada Primavera árabe.

Schwab instó a los participantes en el foro a centrarse en la creación de empleo sobre todo de los jóvenes árabes: unos 100 millones, el 30% de la población de la región, sin los cuales, todos los indicios apuntan a que proseguirá el clamor del desencanto. EFE

 

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