Espionaje en Estados Unidos pone en riesgo el periodismo de investigación

María Peña

SNOWDEN
Washington.- El destape de sendos programas de vigilancia secretos de la Agencia de
Seguridad Nacional no sólo ha puesto en la mira a Edward Snowden, el “topo” de la CIA
acusado de espionaje por Washington, sino que ha desatado un debate sobre los
límites del periodismo de investigación del que se precia Estados Unidos.
Snowden, convertido en héroe para algunos y en traidor para muchos, ha dicho que
divulgó los programas de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, en
inglés) con el único objetivo de “informar al público sobre lo que se hace en su nombre
y lo que se hace en su contra”.
Acusado de tres cargos de espionaje y robo de propiedad del Gobierno, por los que
podría pasar hasta 30 años en prisión, Snowden siempre supo que el filtrar datos
secretos le convertiría en un paria en su país.
Pero el caso también podría poner en peligro el futuro del periodismo de investigación
en Estados Unidos, especialmente en lo que se refiere a asuntos de seguridad nacional, según
expertos.
“En Estados Unidos, tenemos una larga y rica tradición de periodismo de investigación,
desde los tiempos coloniales. Me parece espeluznante que nuestro Gobierno intente
debilitar eso”, dijo a EFE Richard Benedetto, analista y profesor de Política y Periodismo
de la American University en Washington.
“A través de nuestra historia ha habido innumerables ejemplos, algunos muy recientes,
del bien que producen las investigaciones que destapan corrupción o mejoran
condiciones laborales, y no hay razón para frenarlas. El propósito de estas
investigaciones no es derrocar a un Gobierno, sino denunciar lo que está mal para que
el Gobierno y las instituciones funcionen mejor”, enfatizó.
La historia del periodismo en Estados Undos., en particular la del siglo XIX y comienzos del siglo
XX, está poblada de “muckrakers”, periodistas que aireaban la “bazofia” de la sociedad,
incluso arriesgando su vida para destapar casos de corrupción política o empresarial, o
abusos laborales y de derechos humanos, con el fin de suscitar reformas sociales.
De todos, quizá el caso más sonado ha sido el de Watergate, que condujo a la renuncia
de Richard Nixon en 1974.
Benedetto, cofundador del diario USA Today, para el que cubrió la Casa Blanca durante
décadas, recordó que la Primera Enmienda de la Constitución protege la libertad de
prensa en EE.UU., si bien a veces “es difícil saber dónde están los límites entre la
seguridad nacional y el derecho del pueblo a estar informado”.
Snowden, de 30 años, reveló la existencia de un programa de la NSA que recabó
archivos telefónicos de millones de estadounidenses, y de otro, llamado PRISM, que
espió las comunicaciones por internet de extranjeros sospechosos de vínculos
terroristas.
“En el caso contra Snowden, no creo que el Gobierno haya mostrado de forma
fehaciente que se ha comprometido seriamente la seguridad nacional”, observó
Benedetto.
Pero el Gobierno de Washington no lo ve así y, el lunes, desde Nueva Delhi, el
secretario de Estado, John Kerry, dijo que Snowden, un excontratista de la NSA,
“traicionó el juramento que tomó; la obligación que asumió libremente, por elección
propia”.James C. Goodale, que representó al diario “The New York Times” en el caso por la
divulgación de los llamados “Papeles del Pentágono” – un documento secreto que
detallaba la implicación de Estados Unidos en Vietnam entre 1945 y 1967- criticó la persecución
de quienes filtran datos a la prensa.
Para Goodale, los recientes intentos del Gobierno por investigar al periodista de Fox
News, James Rosen, son prueba de que la Administración Obama busca convertir en
delito el reportar sobre seguridad nacional, y aunque eso podría “cerrar el grifo” de las
filtraciones, también frenaría el libre flujo de información.
“Hasta que el presidente Obama llegó al poder, a nadie se le había ocurrido que hablar
por teléfono o enviar un correo electrónico no estuviesen protegidos por la Primera
Enmienda”, dijo Goodale en un foro reciente sobre retos a la libertad de prensa.
El domingo, en un tenso intercambio, el conductor del programa “Meet the Press” de la
cadena televisiva NBC, David Gregory, acusó al periodista Glenn Greenwald, del diario
británico The Guardian -que recibió datos secretos por parte de Snowden-, de “instigar
y ayudar” al excontratista de la NSA, y sugirió que él también debería afrontar cargos
criminales.
Pero Greenwald, exabogado en asuntos constitucionales, tuvo lista una respuesta: esa
teoría “quiere decir que todo periodista investigador en Estados Undios que trabaje con sus
fuentes, que reciba datos secretos es un criminal, y son precisamente esas teorías y ese
clima los que se han convertido en una amenaza en Estados Unidos”.
“Espero que este caso no frene a los periodistas, que sigan hurgando, aireando
escándalos”, dijo Benedetto. EFE

 

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