Días lluviosos

 A Padierna

Me fascina la lluvia; tanto como a otros varios millones de personas en el planeta. Yo quisiera sentir que mi amor por ella es único pero ¿qué se le hace? Resulté poco original. No importa, seguiré pensando que soy única y dejándome encantar por estos días lluviosos que han tenido la cortesía de hacerme el mes. Después de todo, ¿qué es Mayo sin aguaceros? Tal vez por eso me gusta que llueva, porque  nací en este mes y tal vez yo misma soy un aguacero de Mayo.

En fin, está lloviendo y yo tengo una vista hermosa de la ciudad siendo besada gota a gota por el cielo. Está lloviendo y del departamento vecino me llega una música melancólica y acariciadora. Está lloviendo y yo tengo el privilegio de una taza de té. Está lloviendo y lo único que sale sobrando son las responsabilidades.

Pasan muchas cosas cuando llueve. En primera, algo muy poco romántico, a la gente se le olvida cómo manejar. No es que resulte más difícil, tal vez es sólo que deciden apagar sus neuronas antes de tiempo por imaginarse que están en casa, entre cobijas, viendo llover. El lado bueno es que la cosa mejora; la lluvia es más que una causa de accidentes de tránsito. La lluvia te abre los ojos a todo eso que no notas cuando el cielo está callado y quieto.  Se inunda el panorama y de pronto aparece una ciudad nueva. Hasta el asfalto más común parece mágico con los efectos del agua. De pronto, miras hacia arriba y puedes ver que existe algo más grande que tú. Ves hacia a un lado y es posible que descubras que no estás solo; si descubres que estás solo, es probable que también descubras que eso no es tan malo, te tienes a ti mismo, tienes a la lluvia.

 

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