Lenguaje de Crisis

Pablo Daniel

@plasticgallery

“Jodidos”, “chingados”, “pobretones”, “muertosdehambre” y “proles” son sólo algunos de los adjetivos de la crisis.  Las crisis son englobantes y nos absorben a todos por igual, recuerden aquellos noticieros del 94 cuando de repente las palabras “Devaluación”, “Depreciación”, “Desempleado”, “Despedido”, “Firme aquí”, “Finiquito”, “Recisión”, “Recorte”, “Modernización”  y más recientemente (en  los dosmiles) “Reestructuración de personal” se nos pegaron en la parte de atrás de la cabeza.  La plática de esquina en innumerables ocasiones comenzaba como “¿y a ti dónde te agarró la devaluación?” nuestro léxico se enriqueció desafortunados vocablos.

De entrada la palabra “crisis” viene del latín crisis que viene del griego krisis que se transformó en el mexicano “vacas flacas”, “no tengo trabajo” y el “nini”. Y en términos pueriles una crisis es cuando no hay trabajo, poco trabajo o mal pagado. Pero ¿Para qué queremos trabajar? Palabra que proviene de tripalium, que era el nombre de un temible instrumento de tortura. El tripalium (tres palos), una especie de cepo formado por tres maderos cruzados donde los reos eran atados, de manera que quedaban inmovilizados mientras se los azotaba. De tripalium derivó inicialmente tripaliare o torturar y, posteriormente, trabajo, con el significado de “esfuerzo”, “sufrimiento”, “sacrificio”. Todavía hay quien entiende que el trabajo es una tortura. No sé usted.

Las crisis generan lenguaje. De 2009 para acá, el mexicano común, el connacional de a pie de repente conoció el nombre más sofisticado de la gripe, ahora llamada influenza, o influencia, como lo pronunció una ex líder magisterial, hoy presa, dios mediante.  El lenguaje de la Influenza H1N1 también nos acuñó solemnes palabras como el saber distinguir entre, pandemia y endemia, al escuchar las constantes confirmaciones de que “no es una pandemia”.

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Y no es una idea alocada de este humilde columnista, sino la misma  Fundación del Español Urgente lo pone en la mesa de discusión “Podemos decir que, mientras que golpea duramente a nuestra sociedad, la crisis, a la que ya no ponemos apellido, enriquece enormemente nuestra habla” afirma Joaquí Müller para quien  la “omnipresencia” de la crisis en la vida de los ciudadanos hace que su influencia en el lenguaje sea de una “gran magnitud”, esto en la víspera del VIII Seminario Internacional de Lengua y Periodismo el próximo 16 y 17 de mayo  en San Millán de la Cogolla, España.

 (pst pst, preparemos un golpe de estado, independencia de la RAE, formemos una Democrática Academia de la Lengua Latinoamericana, la DAL, para términos de pronunciación)

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