Patti Smith @ Plaza Condesa 2013

Nivardo Trejo

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Patti Smith y su banda en el Plaza Condesa el pasado 10 de mayo llevaron al público de la Ciudad de México por un viaje poético y musical adosado de potentes guitarras y constantes invitaciones a seguir soñando. El recinto abrió sus puertas desde las 7:50 para los fans que hacíamos fila y nos mostrábamos hambrientos de un buen lugar durante la noche. Pasados un par de minutos después de las 10:00 p.m. el primer acorde de Kimberly  sonó como presagio de lo que sería una noche para recordar.

Así el primer momento ocurría  y con Dancing Barefoot y Redondo Beach Patti y su banda nos regalaban su arte en el escenario y junto con ella coreábamos “here I go and I don’t know why I fell so ceaselessly  could it be he’s taking over me… I’m dancing barefoot”.

Y es que escuchar su voz gruesa pero matizada construyendo versos cargados de imágenes cotidianas y sentimientos en blanco y negro, transportaba a aquellos años 70 y 80 del rock visceral de los subterfugios.

Supimos los 1600 asistentes al Plaza que su poesía contagiada por aquella generación Beat que creaba prosa espontánea en los Estados Unidos en los años 40, sigue intacta y potente como desde entonces. Corroboramos lo que ya sabemos sobre Patti: Una leyenda sobreviviente de los años más rudos y desenfrenados del rock neoyorkino que encanta con su particular visión artística de la vida y del saber estar en el mundo.

Los intentos por saludar en español a sus fieles seguidores; presentar a Jackson su hijo y guitarrista, evidenciar los problemas técnicos y resolverlos al instante, nos mostraron a una mujer que a sus 66 años continúa sencilla, cálida y directa.

El recital siguió con April Fool como primer tema de su último trabajo de estudio Banga (2012), en donde se puede notar la evolución musical de la banda hacia una canción más armónica y con acordes de guitarra nítidos separados del estruendo y la ruptura. Fuji-San, otra de las canciones de la última placa, comenzaba “Oh, mountain of our eyes, what do you see? The girl with the omen dice, bowing to thee Mortal soldiers clear the path, shake the omen tree Oh, mountain of our eyes, oh plea Oh, hear our plea” y así se levantaba el llamado de Patti hacia la conciencia comunal de la coexistencia con la madre tierra como otro ser vivo y que sería la letanía con la que terminara el concierto.

Birdland fue el momento de quiebre, cuando la vimos mandar traer unas hojas escritas a mano y sacar de su saco negro sus gafas de lectura. Verla cantar cadenciosamente sus metáforas enrolladas en perfectos versos estridentes, saberla dueña del escenario haciendo lo que mejor sabe hacer, nos llevó al máximo deguste de su arte poético. El berreo, el aullido, el grito, los escupitajos fueron parte del ritual de iniciación con los que Patti logra crear un ambiente cargado de simbolismos.

La noche transcurría delirante, la banda crecía en sus acordes, los asistentes coreábamos Free Money, Ghost Dance, Beneath the Southern Cross, Night Time, Nothing yet, Born to Lose, Pushin´too hard mientras Patti Smith nos hacía el amor con su poesía.

Luego, al saber que la noche le pertenece a los amantes, el público enardeció coreando la emblemática Because the night. Reconocer en medio de la muchedumbre que “Jesus died for somebody’s sins but not mine” y patear al unísono todo un discurso judeocristiano perpetuante de un ‘status quo’ en crisis, funcionó como bandera y exorcismo. Tal vez por eso nuestra madrina del punk es ese Caronte que nos guía cual almas errantes al lado desacralizador que tanto necesitamos cuestionar en un país como éste.

El encore fue iniciado por el nuevo clásico Banga, donde Jackson Smith se ufanó con un largo riff que a todos nos cayó como del cielo mientras ladraba como Banga; el perro de Mijaíl Bulgákov y que ahora da título al álbum y la canción. Aquí es donde agradecíamos que hubiera músicos como Lenny Kaye, Tony Shanahan y Jay Dee Daugherty porque nos invitaron en una noche a sentir desde otro lugar. People have the power, Babelogue y Rock ´n´Roll Nigger cerraron el concierto-ritual elevándonos hasta la punta más álgida de una noche demencial en medio de gritos, coros, metáforas, versos, alaridos y las cuerdas rotas de la guitarra recién tocada por las manos de nuestra musa, quien haciendo alusión a Frida Kahlo gritaba “viva la vida”. 

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