Combustible ideológico

A Padierna

7897739

Últimamente he desarrollado una afición por los videos informativos en los que se discuten ideas interesantes.  Me he recetado al menos una plática TED por semana. Por lo general escojo videos porque me permiten oírlos mientras me alisto en la mañana, cocino o me ocupo en otras actividades que no exigen mi completa atención. A esto se suma que cada vez que me siento en la computadora con la intención de trabajar, termino leyendo sobre alguna curiosidad.

Ninguna de estas recientes prácticas me ha hecho sentir una persona seriamente informada sobre los asuntos relevantes del mundo. Aún me veo en la necesidad de pedirle a mis compañeros que me expliquen qué es lo que ocurre con Corea del Norte o qué pasó con los sospechosos del bombardeo en Boston. Si algo ha cambiado en mi el exponerme a todas estas ideas y datos curiosos ha sido que mi curiosidad se incremente.  Cada vez se me ha hecho más placentero liberarme de preconcepciones e incluso de preferencias temáticas y escuchar o leer con la mente abierta y simplemente dejarme sorprender. Por otro lado, también me he hecho consciente de la importancia de tener opiniones fuertes y bien fundamentadas, de compartir ideas valiosas y de fomentar discusiones con verdadero sabor y consistencia. ¿De qué nos sirve dominar técnicas insípidas que por sí mismas no comunican nada trascendental o al menos interesante?

Hemos llegado a una época en la que es importante la calidad de lo producido pero si detrás de las técnicas no hay pasión, inspiración y una ideología personal que busque satisfacer un propósito de vida, no importa qué tan buenos sean las recompensas, no lograrán más que una satisfacción momentánea.  Las opiniones fuertes y la curiosidad son reflejo de algo que nos mueve, que nos genera satisfacción al trabajar en algún proyecto o estudiar doce horas seguidas para un examen.  El placer de esforzarse diariamente se alimenta de ideas nuevas y de la revisión de las no tan nuevas.  Rara vez los proyectos que tienen un alcance significativo y nos llenan el espíritu nacen de una rutina en la que no interactuamos de manera profunda con otros ni se nos obliga a salir de nuestra zona de confort intelectual, físico y emocional.

 

Anuncios