Bukowski y el sentido etílico del mundo

Oscar Gallardo Vega

@ogallardov

bukowski (1)

Pocos autores hay cuya prosa resulte tan seductora, más allá de su estilo o temática, a pesar de ser incluso francamente áspera y políticamente incorrecta, como la de Charles Bukowski. Y resulta de tal forma seductora por la forma vital de arremeter contra la realidad. En esa forma básica de tomar postura todos nos parecemos: siempre tendremos más a la mano las vísceras que el medio placista cerebro. Sin embargo, hay algo en la literatura de Bukowski que, si bien no la hace única, sí la coloca junto a un conjunto de narrativas atravesadas por una visión etílica del mundo. El alcohol no como un detonante de la incontinencia verbal, sino como un precursor de la gravedad de las palabras. La embriaguez, para nuestro autor, nunca será una huida, sino es quizá la única forma de tener un vínculo auténtico con la realidad, cuando ésta no es jamás para sus habitantes una zona de confort.

El de Bukowski es un lenguaje que tiene, como todos, necesidades expresivas, de comunicación y referenciales; se distingue de un lenguaje ordinario, aquél que hablamos todos los días con propósitos comunes, en que éste último normalmente carece del sentido sentencioso que las palabras impregnadas de alcohol y desgarre emocional poseen. En Bukowski, como sabemos, el alcohol no solo es un precursor de la incontinencia verbal, antes, es el prisma desde el cual la óptica realista del escritor afina la mirada sobre el mundo. La sobriedad es una máscara para ser soportado por la sociedad, pero un estorbo cuando estás más allá de la necesidad de convivir y “funcionar” socialmente. Por ello, la literatura de Bukowski, ofrece una posibilidad hermenéutica: la embriaguez no como un refugio frente a la soledad, tampoco como un escape de una realidad particular, sino como una decisión personal que define una vocación; no, no la del ebrio, sino la del exegeta del mundo que asume que el alcohol nos permite ponernos a la altura de la realidad, cuando ésta resulta ser un frente de combate que no ofrece tregua y exige ser narrada literalmente, dado que las metáforas no embisten de la misma forma que un buen adjetivo expresado directamente.

El alcohol, como se sabe, ha sido detonante de invaluables textos, pero sería un craso error pensar que el vino actúa en solitario cuando de escribir letras memorables se trata. Parece un hecho que  los grandes momentos bukowskianos serían inexplicables sin el precursor etílico; pero la relación del alcohol con la inspiración es aún un misterio si pensamos que no cualquier ebrio es capaz de escribir letras memorables, aunque su ímpetu verbal, atropellado y vacilante, normalmente cree que sí. Arriesgo una teoría: el alcohol en Bukowski funciona como un antídoto frente a la vacuidad y la obviedad. La embriaguez, para el autor de “Pulp”, es una forma de preservar la integridad

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