El vicio del silencio

 A. Padierna

Fotografía por Lali Masriera

Fotografía por Lali Masriera

Empezar a guardar el silencio es una cosa peligrosa; cuesta empezar, pero es aún más difícil dejar de hacerlo. Se vuelve cómodo el no hablar. Poco a poco se te va olvidando que alguna vez tuviste algo que decir y el silencio se va esparciendo con calma y sin pena. El silencio, como vicio, se apodera de ti como un fluido suave,  que una vez que ha sellado los labios va adormeciendo también los brazos y las piernas, callándonos también de manera física. Finalmente te ahoga los latidos del corazón.

Es fácil aprender a vivir en silencio. Al fin y al cabo, cuando ha llegado paulatinamente no es en absoluto violento. Al contrario, es lo que llegas a encontrar más amigable. Y así pasan las horas, los días, con una aversión creciente a expresar… ¿qué era eso que había que sacar? Nada. Adentro sólo hay silencio y está bien donde está; la luz lo lastima, el aire lo corroe, las miradas lo desintegran. El silencio es para interiores. Ahí es posible quedarse indefinidamente, con mínimas maniobras evasivas para esconderse del ruido, del mundo. La cosa es que, de vez en cuando, el mundo va por ti, decidido a sacarte del silencio.

El silencio se rompe de maneras curiosas. A menudo es una verdad, un grito que se demanda explícitamente. En esos casos aún nos podemos mostrar renuentes. Nos retorcemos incómodamente e intentamos evadirlo, pero la petición ahí está. Huir ya no resulta tan fácil. Y aún si o intentas, hay ocasiones en las que el mundo está empeñado en alcanzarte y cambia de estrategia. La más efectiva es también la más sutil, un susurro.  La forma más efectiva que tiene el mundo de alcanzarte y sacudirte es cuando no te pide que digas nada, sino que hace una declaración tan simple como un abrazo sincero de quien menos lo esperas. Entonces despiertas; tu cuerpo vuelve a sentir, tus pulmones se llenan y una curva se dibuja en tus labios. Algo comienza a vibrar en tu pecho y sube por tu garganta. La risa es la forma más absoluta de deshacerse del silencio.

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