Con cada parte de mi


A. Padierna

Fotografía por Xava Du

Fotografía por Xava Du

Siempre me emociono cuando por alguna razón una o más ideas se cruzan por casualidad en la maraña de pensamientos fugaces que traigo en la cabeza. No es raro que esté pensando en más de una cosa a la vez, pero cuando dos temas que estaba abordando por separado chocan de pronto y descubro que van juntas tan bien como las tortas y el aguacate se me acelera el corazón. Aunque termine siendo algo trivial y sólo válido dentro de mi lógica del momento, siento como si acabara de descubrir la electricidad. Es magia.

La más reciente de mis teorías se ha venido desarrollando a partir de la unión entre mi interés por el lenguaje corporal y mi reciente visita a los terrenos filosóficos del problema del cuerpo y la mente.  Ésta última fue la que desencadenó que empezara a pensar acerca de los dos temas como uno solo.  Uno de los aspectos de la filosofía se ocupa de analizar la relación entre el cuerpo y la mente, acerca de esto hay diferentes doctrinas.  A la primera se le conoce como dualismo y propone la existencia de dos partes independientes que constituyen a la persona: el cuerpo y el alma.  De acuerdo con el dualismo, el alma es el equivalente de la mente y abarca los pensamientos, deseos y sentimientos. La contraparte de esta doctrina es el fisicalismo o materialismo, que afirma que las personas consisten sólo de materia física y los estados mentales son estados físicos del cerebro. La perspectiva que encuentro verdaderamente interesante es una especie de punto medio entre estas dos doctrinas. Esta tercera perspectiva es la del aspecto dual y propone que las personas no consisten de dos partes, alma y cuerpo, sino de solamente el cuerpo, pero dentro de éste se dan los procesos tanto físicos como mentales.

Es desde este punto donde comienzo a desvariar y si algún profesor de ciencia o filosofía me leyera, me golpearía muy ofendido. La ultima perspectiva que mencioné tiene una enorme cantidad de sentido para mi. Si partimos de este escenario en el que el cuerpo es consciencia y materia a la vez en cada una de sus partes podríamos entender nuestra experiencia diaria de una manera completamente nueva.  De pronto fenómenos como el flujo bidireccional de emociones (las emociones se mueven de adentro hacia fuera y viceversa) no es sólo un fenómeno curioso. Es lógico que hablemos, sintamos y escuchemos con el cuerpo entero. Por el momento, me resulta difícil explicar satisfactoriamente cómo se da lo que mi teoría propone, al menos en términos científicos. Sin embargo, ya se han realizado estudios en los que se ha encontrado que muchas de las neuronas asociadas con producir la sensación de miedo, la sensación de nudo en el estómago o de acelerar el ritmo cardiaco están en grupos cercanos a los órganos donde son empleadas o necesitadas.

Aún resulta difícil imaginar cómo es que los procesos físicos y mentales se relacionan y ocurren simultáneamente. No obstante, bajo esta nueva perspectiva el cuerpo adquiere un valor muchísimo mayor, ya que podemos considerar que se mueve no sólo en el plano físico, sino tiene que ver intrínsecamente con lo intangible.  Decir, entonces, que extrañas a alguien con cada célula del cuerpo, que los ojos son la ventana del alma o que determinado sabor te transporta a tu infancia no parece tan descabellado. Me detendré ahora, ya que estoy a nada de empezar a involucrar la memoria muscular y las asociaciones sensitivas y emocionales y entonces no sé dónde vaya a parar. Espero haber hecho algo de sentido en alguna parte de lo que acabo de decir y al menos generar una pequeña reflexión y un poco más de consciencia acerca de la experiencia de existir.

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