Lamed vav Tzadikim: los 36 justos

Lucía Bolivar

Fotografía por Chajm Guski

Fotografía por Chajm Guski

Vivimos en un mundo globalizado en modernización constante, pero eternamente desigual e injusto. Aún así, existen infinidad de obras de caridad, eventos benéficos, fundaciones, voluntarios altruistas, etc. Tratando de cambiar esto; de reducir las condiciones de extrema pobreza, maltrato o falta de recursos en las que viven demasiados seres humanos, animales, o hasta ecosistemas enteros.

Sin embargo, todo se vuelve tan común, que nos vamos desensibilizando, “Ah sí, otra matanza, otra balacera”, “Ocurrió otro atentado bomba, hay muertos y heridos”, “Se extinguió una especie más”. Y cuando se obra para bien, no siempre se hace de corazón. Y en el eterno debate de: Si un árbol cae en medio del bosque ¿Hace ruido?. Un gran número de personas siente que si el resto de los mortales no nos enteramos de sus buenas acciones, no tienen la misma trascendencia que si le dan me gusta a todas las publicaciones contra el maltrato de animales, o si se televisa el evento en que reforestaron un área o juntaron para darles sillas de rueda a discapacitados. Cuando lo único que debería importar, es el beneficio en el cual estas participando.

Y  con tanta profecía e interpretación del fin del mundo, hay quienes se preguntan, si este, o más bien, nosotros, los seres dominantes, merecemos ser salvados.

El Talmud dice: “En todo tiempo hay siempre 36 justos sobre la faz de la tierra, cuando ellos desaparezcan el mundo acabará. No se conocen entre ellos y cuando uno de los justos muere es inmediatamente sustituido por otro.” Haciendo referencia a que, aunque todo parezca perdido, siempre existen personas, buenas de corazón, actuando en el mundo desinteresadamente, con justicia.

En el alfabeto hebreo la letra ל (Lámed) es la letra que representa al número 30, y ו (Vav) al 6. Los 36 justos son quienes poseen una santidad especial, mayor que la de las demás personas, pero que no es aparente, en algunos casos incluso para ellos mismos.

El profesor en judaísmo Yehuda Ribco, comenta “Este concepto nos sirve para que no dependamos de intercesores celestiales, santitos, manosantas, ensalmadores, ganadores del Nobel u otros por el estilo, ya que el mundo recibe la Misericordia a través de las acciones de los justos anónimos y jamás revelados. Quizás es usted uno de ellos, quizás soy yo, o quizás esa persona que prejuiciosamente creemos que no tiene mérito alguno”.

Y si bien en nuestro país, el judaísmo es practicado por una minoría, los Lamed vav Tzadikim me resultaron muy interesantes cuando leí al respecto, y sentí que debía compartírselos. Tal vez quien menos lo parezca, es quien realmente está haciendo un cambio positivo en el mundo.

Solo me queda por decir, cuando hagan algo, que sea siempre de corazón, que lo único que les deje sea esa satisfacción hacia ustedes mismos de que están haciendo como dijo Baden Powell, y están dejando al mundo en mejores condiciones de cómo lo encontraron.

Anuncios