Métodos para sobrevivir fuera de casa

A Padierna

luca savettiere

luca savettiere

Existen muchas razones por las que uno se va de su casa. Hay algunos valientes que se van porque quieren explorar lo desconocido y quienes realmente no se quieren ir, pero saben que lo que quieren para el futuro no les queda cerca; algunas personas tienen complejo de viajeras y se cansan de recorrer las mismas calles después de un tiempo.  También llegan a darse casos en los que uno no quiere irse pero la decisión la toma alguien más. Diversas son las razones para salir del nido y diversas son las maneras para sobrevivir al mundo.

Antes de dar el primer paso fuera de la madriguera ya se siente el vértigo de la realidad que va pasando afuera como montada en tren bala, mientras que a uno, nómada amateur, no le proporcionan ni una humilde bicicleta.  Bien que mal, se comienza a andar y pronto uno le toma cariño al camino; sin embargo, no desaparecen las ganas de mirar atrás. Para combatir esta nostalgia propia de los que ya no somos de “allá” pero aún no encontramos un “aquí” existen diversos métodos.

El primer método consiste en seguir manteniendo una relación con la casa que nos vio crecer. Se puede construir una réplica exacta de la recámara que solíamos tener o comprar el mismo aromatizante que se usaba en la sala. La técnica más común consiste en visitas periódicas a la casa original, descubriendo en cada una que cada vez es menos tuya. También se puede optar por no visitar la casa jamás quedarse solamente con el recuerdo idealizado de ésta. Una servidora optó por escribirle una carta a la casa mientras lloraba como Magdalena con Little House de Amanda Seyfried. Cada quien escoge una o más técnicas según sus necesidades. De todos modos, esa es una relación que no se va a salvar.

Un método alternativo es ir dejando pedazos de corazón dondequiera que uno pasa, así se tiene casa en todos lados. Bien dicen que el hogar está donde está el corazón. Ya en estas prácticas,  se puede optar por dejar el corazón no en un lugar, sino en una o más personas y dejar que éstas definan el ritmo de nuestro peregrinaje, aunque en práctica resulta muy poco conveniente. De nuevo, depende de las preferencias personales.

El tercer y último método que propongo es el de anidar de nuevo, ahora por decisión propia y no por haber tenido la suerte de caer en un lugar determinado. Recomiendo usar el camino para conocerse a uno mismo y a las personas, para aprender a andar y, por lo tanto, a establecerse. Es bueno refinar gustos, mejorar costumbres, redefinir la personalidad y fijar metas, así será más fácil saber si se ha encontrado el lugar para establecerse o si hay que seguir explorando. Es probable que antes de optar por este método, ya se haya pasado por los dos métodos anteriores o más no mencionados. Está bien, es parte de aprender a definir “hogar”.

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