La crónica, el género olvidado.

Por Pablo Daniel G Cortés

@plasticgallery

Fotografía por rakka_pl

Fotografía por rakka_pl

Una sucesión de relatos, en orden cronológico, siguiendo una línea de tiempo. Orden, narración, detalle, descripción son las palabras que definen una crónica más no las obligadas. Género poco atendido por muchos medios de comunicación, la crónica es el rey de los géneros periodísticos interpretativos, el único que también es un género literario porque como dice el escritor y periodista Juan Villoro “Toda crónica periodística aspira a ser literatura”. La crónica exige una atención a los detalles y una desatención al mismo tiempo. Una curiosidad específica y una curiosidad dispersa.

Los cronistas al igual que los retratistas hiperrealistas aspiraban a escribir un reflejo de la realidad, se esforzaban por mantener esa reflexión y objetividad utópica. Error. Los grandes cronistas del siglo pasado se distinguían por hacer anacrónica a la crónica, Ryszard Kapuscinski, quizá el periodista y cronista más importante en el siglo pasado escribía crónicas de libretita tiempo después del hecho mismo, sin la prisa del Twitter ni de editores molestos. Kapuscinski basó su obra periodística en la crónica reflexiva, sendos libros como Ébano que reflejan la visión de Kapuscinski de la África negra. O el mismo Juan Villoro con Crónicas Imaginarias curioso librito que narra la visión del movimiento juvenil de los 60s y 70s desde la mirada de un niño (Juan Villoro mismo) que como dice él en una de sus crónicas “Yo viví el movimiento estudiantil desde la banqueta”. Una buena crónica no es objetiva, es un punto de focalización es un encuadre muy personal, es conectar lo general con lo particular y con lo improcedente.

Crónicas autobiográficas como Los Subterráneos de Jack Kerouac llegan al punto en que uno no sabe en cuánto es ficción y cuánto es realidad pero el relato cronológico y muy personal de Kerouac bien hacen de Los Subterráneos una crónica de la generación Beat, una fotografía desde los ojos del autor. La crónica exitosa es placentera de leer aunque el tema del que hablen no nos importe un carajo, una crónica bien escrita, se teje, sale y entra a la historia, va por un café, regresa nos cuenta una anécdota, nos dice que hace calor y regresa, el tema es lo de menos. La forma lo es todo.

No sea experto, sea disperso.

El periodista especialista, metódico, experto no es bueno para hacer una crónica. Se vicia, al igual que un niño un cronista no madura nunca, no debe dejar de sorprenderse del contexto.

La crónica es contexto.

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