Distracciones.

 Por A. Padierna

Foto por Milivoj Sherrington

El mundo distrae; del trabajo, de las reflexiones, de lo que pasa y lo que no pasa. El mundo confunde lo que importa y lo trivial. Tal vez haya quienes les digan que en lugar de estar leyendo esto deberían terminar ese ensayo que se entrega mañana,  ir a lavar la ropa que lleva ya una semana acumulándose o leer un libro que les enseñe algo. Tal vez deberían hacerles caso.  Al fin y al cabo, esta forma de interacción humana en la que yo debrayo y ustedes me leen es perder el tiempo y los distrae de algo más importante, que seguro tienen minimizado o en otra ventana. ¿Qué pasaría si no fuera así?¿Y si les dijera que lo que importa en este mundo son las personas?

Vivimos en un mundo de personas, por personas, para las personas; y aún así insistimos en banalizar las interacciones humanas. Consideramos más significativo el perdernos en palabras y números, páginas y más páginas, investigaciones y soliloquios. Cuántas veces no nos recordamos que en lugar de estar platicando deberíamos intentar hacer algo más trascendental. ¿Trascendental para quién? Piensa que te vas a morir y hay dos opciones: eso que hiciste quedará en manos de gente que ni te interesaba o de gente que te interesaba pero nunca te diste el tiempo para disfrutar.  A la gloria se llega por un camino que se recorre solo, y no digo que no valga la pena recorrerlo, digo que de vez en cuando hay que pararse en los cruces, conversar, observar.

Hay que estar con las personas conscientemente, no usarlas como ambientación. A veces resulta más triste y solitario pasársela de fiesta en fiesta, de un grupo de gente a otro, sin ver a los ojos a nadie, que quedarse en casa sin más compañía que un libro. Si se sabe leer, un libro es un universo de compañía.  A las personas también hay que saber leerlas.  Las personas son un libro escrito en un pizarrón blanco, con cosas que se borran y se modifican. Las personas son biografía, novela, poema, cita,  paráfrasis, pintura, escultura y  álbumes completos de fotografías.  Las personas son un compuesto semiótico en constante cambio que resulta altamente frustrante, pero no hay mejor aventura que intentar conocerlas.  El trabajo, la tecnología y nuestros caprichos distraen, hay que acordarse de prestar atención a lo que en realidad vale la pena.

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