Los Tristes

Por Pablo Daniel G Cortés

@PabloDanielGlez

Yo me sentía bien pero, no sé por qué, tirando a triste.

Eduardo Galeano.

Fotografía por Alberto Heredero

Es democrático y pega a todos por igual, quizá unos más que otros, quizá por mis ojos tenga la tristeza impregnada en el rostro, quizá por mi esfuerzo de cosechar frondosas ojeras que acentúen, quizá por mi afinidad con el mundo de los tristes.

No es depresión, no es ira. La melancolía es el más profundo y rico de los temperamentos según Hipócrates. Los tristes son melancólicos y flemáticos, se sientan en bares, en cafés, en el suelo, contemplan el mundo ajenos pero presentes, sienten que el mundo los observa, no es cierto. Yo no soy triste, pero tiendo a serlo.

Para los tristes las mejores películas terminan con una muerte, como la vida. Para los tristes los libros se leen a solas, como la vida. Los tristes suelen ser soñadores y taciturnos, pero los tristes no buscan tristes para vivir, los tristes siempre buscan su contraparte alegre, aquella que complete aquella alma triste. Incompleta. Yo no soy triste, pero tiendo a serlo.

Los tristes quieren ser alegres sin quererlo, hay una envidia entre líneas en su desierto voluntario. Los tristes se cansan de ser tristes y entonces duermen, sueñan con ser alegres y les da asco, les aburre. Despiertan y vuelven a ser tristes, los tristes celebran su tristeza, no lloran. Que no se confunda la tristeza con el llanto; el llanto es amargura, la tristeza es goce, el llanto derrumba, la tristeza enaltece. Yo no soy triste, pero tiendo a serlo.

Los tristes no son de corazón empedrado, al contrario. Los tristes echan el alma en prenda, coquetean con la muerte, le enseñan los dientes a los vivos. Los tristes quieren vivir, vivir en tristeza pero no por siempre, pero casi siempre. Yo soy un triste pero tiendo a no serlo.

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