La homosexualidad a través de los tiempos.

Por Lucía Bolivar.

A veces me resulta increíble como hoy en día aun puede haber tanta intolerancia. Hace no mucho borré de mi facebook a un primo lejano/religioso fanático, porque publicó que a los homosexuales deberían encerrarlos y tratarlos en hospitales psiquiátricos, pues lo que tenían es una enfermedad. No, no soy homosexual, pero conozco a muchos que lo son, tampoco pretendo entrar en una debate factores genéticos vs sociales, y ya que esta columna se llama “Culturizate”, lo abordaré desde un tema cultural e histórico.

Lo que hoy aun resulta escandaloso, hubo épocas donde era lo más normal y socialmente aceptable. Sin duda la sociedad influye mucho en que tan abiertamente una persona manifieste como le gusta vivir.

Galeno, uno de los médicos más famosos de todos los tiempos, en pleno siglo II este erudito griego llegó a ser el médico de cabecera de los emperadores Marco Aurelio y sus hijos Lucila y Cómodo (si, los de la película de Gladiador) y realizó notables avances en el campo de la medicina que dominaron la medicina europea por más de mil años. Era una época de otras religiones y más libertades, Galeno tuvo un sinnúmero de amantes hombres y mujeres.

Alejandro Magno, este conquistador de Macedonia que apreciaba enormemente la cultura de otras regiones, murió a los apenas 33 años de edad y aun así conquisto gran parte del mundo conocido en aquellos tiempos, se casó pues era necesario dejar descendencia, pero si dice que su único y verdadero amor fue siempre Hefestión, su mejor amigo y compañero de armas.

Oscar Wilde, uno de los escritores más famosos y trascendentales, quien pagó con la cárcel sus preferencias sexuales pero aún así hoy en día sus obras se siguen leyendo y llevándose al cine y al teatro, como El retrato de Dorian Grey y la importancia de llamarse Ernesto.

Y muchos otros personajes históricos famosos como Sócrates y San Agustín han sido clasificados como homosexuales.

No pretendo con estas pocas líneas cambiar la manera de pensar de los lectores, pero sólo les recuerdo que “El derecho al respeto ajeno es la paz” y que en definitiva las preferencias sexuales no definen a un ser humano ni mucho menos su capacidad de cambiar el mundo y dejar en el una huella imborrable.

Y con lágrimas en los ojos, le dedico esta columna a uno de los amigos más cercanos a mi corazón, homosexual y de las mejores personas que he tenido la oportunidad de conocer y cuya vida le fue arrebatada cobardemente hace poco. Te quiero Trino.

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