¿Es el libro un objeto?

Por Pablo Daniel G Cortés

@plasticgallery

Lo prometido es deuda.

Foto por Natalia Osiatynska

Como lectores siempre tenemos esa disyuntiva existencial, ¿Qué somos? ¿Por qué leemos? ¿Cómo leemos? Y ¿Dónde leemos? Todos tenemos ese momento especial cuando nos gusta leer. Unos idealizan con una bella biblioteca de caoba, con aroma a café. Otros con un paisaje natural con aire fresco. No, a mi me gusta leer en el camión.

Me gusta leer con el traca traca de la calle, el brincoteo de la superficie de nuestras tan lastimadas avenidas, con el olor a pueblo, con el turbio sonido urbano de cumbias y peticiones de dinero que muchas veces se confunden con un intento de asalto. También me gusta leer a oscuras, bebiendo o café o cerveza. -¿cómo así?, efectivamente. Me gusta leer a oscuras cuando el libro es en forma electrónica. Libros en PDF o en línea, y aquí viene la disyuntiva existencial. ¿Libro físico o libro electrónico?

Es un dilema existencial del libro, ¿es el libro un objeto o un libro es las ideas que contiene? Como estudiante, en mis clases de literatura teníamos que leer un libro por semana, usted imagine alrededor de 10 libros por semestre, eso multiplicado por aproximadamente doscientos pesos le da un total de 2,000 pesotes apenas alcanzable por un estudiante cuyas prioridades están la comida y la fiesta, no necesariamente en ese orden.

Están los clásicos, de cuello de tortuga y barba crecida que opinarán que el libro no sólo son ideas sino el objeto que las contiene, el amarillo papel que cuenta historias, el libro que huele, el libro de pastas de cuero.  El libro como un objeto histórico, el libro objeto lo podemos rayar, lo podemos usar como nivelador de mesas, lo podemos lanzar, lo podemos usar de arma mortal (contra insectos) o quemar como rito de olvido, etc. El libro objeto va más allá de las letras que contiene, cuando prestamos un libro lo leemos a través de sus dueños previos, sobretodo si estos son como yo que los rayan, incluso en el urbano dejando líneas de sismógrafo personal.

Están los geeksters que se van por la modernidad del libro electrónico, aquellos que son un ente virtual que están en todos lados en todo momento, cargan su Kindle o iPad (espero cobrar regalías) leyendo sobre la misma plataforma, literatura, periódicos, poesía, tuits y videos de gatos en youtube. Para ellos, ciudadanos de la información el libro son las ideas en él, cargan cincuenta libros en un único aparato más ligero que 100 Años de Soledad. Acostumbrados a pensar a mil por hora, si no están leyendo en sus avanzados cristales están tuiteando, blogeando y haciendo uso de todo nuevo verbo inventado en los últimos 20 años.

No sé en qué extremo entre usted lector, yo quiero ubicarme en la media, tengo mi cuarto con una cantidad considerable de libros objeto y mi computadora con otra cantidad de libros ideas. Ambos los disfruto en su propia forma, los libros objeto los rayo, los presto, los regalo, los uso de porta vasos. Los libros ideas, los tuiteo, los envío por correo, los remarco con amarillo, los recomiendo en blogs. El asunto es leer pues.

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