El príncipe de los sabios.

por Lucía Bolivar

Portada del libro El canon de la medicina

Recuerdo la primera vez que leí de Ibn Siná, también conocido como Avicena, fue en el libro “El médico” de Noah Gordon, Rob J. Cole se hace pasar por judío para poder ir a Persia a aprender del mejor médico de la época. Después me encontré con otro libro llamado “La ruta de Ispahán” donde narran más a detalle su vida y terminé de convencerme de que Avicena fue una pieza clave en la historia y evolución de la medicina, que sus aportaciones siguen salvando vidas, pero sobre todo, que todos deberían saber de él. Y es por eso, mis estimados y fieles lectores, que hoy les platicaré de quien se ganó el sobrenombre de Cheikh el-Raïs (El príncipe de los sabios).

Ibn Siná nació en Persia en el año 980 y desde pequeño se descubrió como un niño muy inteligente y reflexivo. Estudio filosofía, matemáticas, metafísica y por supuesto, El Corán. A los 16 años ya era un médico reconocido y miembro de la corte, donde al tener acceso a la biblioteca real pudo profundizar sus intereses por la música, la astronomía y las demás ciencias que ya le interesaban.

Escribió más de 50 libros, sobre todo de médica y filosofía, los más destacados son El libro de la curación y El Canon de Medicina (Kitab Al Qanûn fi Al-Tibb). Este último comprende una colección organizada de los conocimientos médicos y farmacéuticos de su época en cinco volúmenes. Siglos después sus obras se tradujeron al latín y al francés distribuyeron en occidente a lo largo de los años en lugares como Roma, Venecia y Paris, se sabe que, por ejemplo en Bruselas en 1909 se dieron clases de médica basadas en sus aportaciones.

En cuanto a sus reflexiones filosóficas, también se sabe que  tuvo una gran influencia en pensadores posteriores como Tomás de AquinoBuenaventura de Fidanza o Duns Escoto. En el 1021 por intrigas políticas a la muerte del príncipe Shams al-Dawla fue a la cárcel de la que escapo para huir hacia Ispahán y murió en 1037 de una crisis intestinal de la que no fue capaz de curarse.

Dentro de sus principales aportaciones destacan su profundización en la oftalmología, la gineco-obstetricia y la psicología. Se enfocó a detalle en la descripción de los síntomas de todas las enfermedades catalogadas de la época, incluso aquellas relacionadas con la psiquiatría.

Fue el primero en distinguir la pleuresía, la mediastinitis y el absceso subfrénico, describió las dos formas de parálisis faciales (central y periférica), hizo la descripción sintomatológica del diabético, las cataratas y la meningitis, entre muchas otras, indicó como hacer el diagnóstico diferencial entre la estenosis del píloro y la úlcera de estómago y desarrollo tratamientos por lavativas rectales.

Desarrollo las hipótesis de que ciertas infecciones se transmiten por vía placentaria y de que el agua y la atmósfera contienen minúsculos organismos vectores de algunas enfermedades infecciosas, así como el papel de las ratas en la propagación de la peste. Descubrió que la sangre parte del corazón para ir a los pulmones, y volver, y expuso con precisión el sistema de ventrículos y de válvula del corazón. Así que como pueden ver, tuvo más que merecido el ser llamado El Príncipe de los Sabios.

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