Roger Waters @ Foro Sol

Por Corvus

El cerdo voló, los martillos caminaron y el muro cayó

Fotografía por Sam Javanarouh

La emoción se desparrama, en el escenario ya se ven los fragmentos del monumento que ha de erigirse, la pantalla circular con reflectores alrededor, todo un símbolo pinkfloydiano, está presente, ¿es un sueño? ¿Estoy a punto de ver como se construye “el muro”? y al mismo tiempo, ¿voy a ser testigo de su caída?, al poco tiempo la realidad me responde, hay una repentina explosión, las guitarras suenan, las imágenes se empiezan a proyectar en esa estructura de ladrillos blancos, tan brillantes, es lo que todos esperan y no dan cabida a sus ojos, pirotecnia, banderas y martillos cruzados, un aeroplano sale de la nada y se estrella contra la estructura dejando una bola de fuego, así es como la primera canción nos advierte la magnitud del espectáculo que se aproxima.

¿Música y postura política? Creo que las bandas que dejan huella, esas que se convierten en “leyendas” se caracterizan, no por tener una postura política, mas bien pretenden defender un ideal o filosofía, es en este contexto que se entiende que, en un español algo accidentado. Roger Waters haya querido dedicar este concierto a las víctima de la guerra contra el narcotráfico, en el muro una frase en español proyectada lo dice todo “ESTAMOS HASTA LA MADRE”, durante todo el concierto se intercalan las escenas de la película y con imágenes de fuerte contenido, un mar de sangre, un bombardeo, niños llorando entre ruinas, esto es sin duda un manifiesto de paz y todos absortos comprendemos el mensaje.

El muro continua creciendo y tapando los espacios libres, los visuales cada vez son más sorprendentes, es evidente la edad de Waters, han pasado varias décadas desde que se concibió por primera vez este espectáculo y sin embargo aún es tan fascinante y mágico, yo no había nacido cuando salió a la venta el LP y a pesar de eso, lo que escucho y veo es tan parte de mi realidad, de la lucha diaria en contra de la apatía. La pared que se erige enfrente a nosotros se llena de un grafiti móvil, una a una las canciones se suscita, trayendo consigo tantos recuerdos y experiencias, por ejemplo, las tres partes que componen ese himno que le da nombre al espectáculo convierten al Foro Sol en un hervidero de voces, todos los elementos están aquí: el gigantesco títere del profesor abusivo de primaria, al igual que la mujer que es una mantis con labios rojos, el horripilante y anatómico juez que sentencia al pobre muñeco de trapo y el dictador que señala a las personas que le desagradan y que deben ser puestas contra el muro, todo en su sitio y en su momento.

Fotografía por Sam Javanaroug

Impresionante acústica y efectos nos hacen girar la cabeza, volteando al cielo, esperamos encontrar el helicóptero que escuchamos, ¡ahí está!  el enorme cerdo negro vuela por los aires, lleva tatuados mensajes que el sistema quiere que recibas, consume, obedece, en el muro los martillos ya están marchando y nuestro protagonista ya lleva puesto el uniforme y en su mano porta una sub-ametralladora, levanta el arma y dispara al público anunciando así la llegada de el gran juicio y la inminente caída de lo que nos ha servido de pantalla, se escucha a una sola voz “tear dow the wall” una y otra vez hasta que la estructura tiembla, uno a uno los ladrillos caen, es tal como lo soñé, se derrumban, se apilan desordenadamente sobre el piso del escenario, llega la calma y el silencio, los músicos salen y se despiden, el orquestador presenta a sus colegas, la gente corea, pide más.

Salgo con una increíble satisfacción, fui participe de un gran momento, lo difícil será ponerle orden a una crónica ya que me encuentro en un estado muy alterado de conciencia, un collage desordenado de increíbles imágenes es lo que podré relatar.

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