El sexo a través de las épocas y las culturas

Por Lucía Bolivar

Vivimos en un mundo tan complejo como variado, donde lo que en esta parte del mundo es normal, en el otro extremo del mismo es una rareza inimaginable, donde lo que hoy es impensable hace miles de años era lo más común y ordinario. Es un mundo en constante cambio, quien sabe en 100 o 1000 años como será la sociedad y su moral, los límites y lo aceptable, predecirlo implicaría considerar demasiadas variables y seguiría siendo una suposición, así que como mi columna es de cultura, les hablare del pasado y de un tema que jamás dejará de ser comentado por que es imposible ignorarlo, el sexo.

En la época de los primeros hombres, cuando vivían en cuevas y cazaban mamuts, el matriarcado era la forma común de gobernarse y las mujeres, al ser las creadoras de la vida, eran sagradas, por lo que eran ellas las que escogían a su pareja o parejas y decidían cuando y como tener sexo. Se solía tener una pareja estable pero en ocasiones especiales, como festivales y reuniones, podía escoger a alguien más y esto no debía dar lugar a celos.

En la cultura griega y romana era aceptable tener múltiples amantes y ni el sexo ni los lazos de parentesco eran impedimentos al momento de buscar unos cuantos minutos u horas de placer. Aun recuerdo cuando leí la vida de Galeno, un médico griego del siglo II que se convierte en el médico del emperador Marco Aurelio y su hijo Cómodo, y me fue imposible seguir la pista de las interrelaciones personales de los diversos personajes.

Con el paso del tiempo y el auge de las diversas variedades de las religiones cristianas y con el surgimientos de religiones como la musulmana, empezó a prevalecer la idea de que todos, pero sobre todo las mujeres debía llegar vírgenes al matrimonio y el sexo se convirtió en tabú y en algo que solo se comentaba a media voz y en rincones escondidos, prevaleció la ignorancia y la idea de que explorar tu cuerpo o tener pensamientos lujuriosos era pecado.

Entonces algo tan natural se convirtió en prohibido e impuro y el sexo se degrado a “el medio por el cual Dios nos regala con sus hijos”. Recuerdo como me sorprendió en Inés del Alma mía cuando la esposa de Pedro de Valdivia llega a su noche de bodas con una camisón con un huequito estratégico para la procreación porque su esposo “no debía ver su cuerpo desnudo, eso era pecado y no necesario para reproducirse” y lo mismo se lee en como Agua para Chocolate, ya en la época revolucionaria mexicana, solo que en lugar de ser un camisón, es una sabana, si, con el mismo huequito estratégico.

Ya en épocas más modernas, en la generación de nuestros abuelos o padres, dependiendo de nuestras edades, llegaron los hippies promulgando la liberación de esas cadenas y opresiones y declarando un amor libre y desinteresado, resurgieron las parejas múltiples, las orgias, etc.

Por otro lado, aun hoy en día, en una boda musulmana las familias de los novios esperan afuera de la habitación nupcial a la consumación de la boda para que se demuestre que la novia era virgen, de lo contrario, será una deshonra para su familia y el novio estará en todo su derecho de devolverla.

En algún lugar del camino algunos separaron el sexo del placer, volviendo a lo de que su fin era tener hijos, y esto nada tenía que ver con “sentir rico ahí abajito”. Yo sigo sorprendida de cuando he leído casos, sobre todo de mujeres, que son incapaces de permitirse sentir placer a causa de la opresión moral fuerte y constante con la que crecieron, aun después de casarse. Y ni que decir de aquellas costumbres en tribus africanas donde les cortan el clítoris a las niñas para que no sientan placer, porque eso las volverá lujuriosas y engañaran a sus maridos.

En cambio en la India y sus cercanías, el sexo es sagrado y hasta espiritual, recordemos el muy famoso y siempre mencionado Kamasutra, y los antiguos templos hindúes  en los que se tallaron diversas posiciones sexuales.

Así que mis estimados lectores, independientemente de sus orígenes y religiones, espero que hayan aprendido algo y que no me condenen a los mármoles del infierno por creer que el sexo no tiene nada de malo ni sucio ni pecaminoso. Solo puedo decirles que recuerden que el respeto al derecho ajeno es la paz y aconsejarles que simplemente nunca hagan algo si no están plenamente convencidos de que no se arrepentirán.

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