Disponible en Palacio de Hierro

Por Valeria Castel

 

Cuando se cambia la paz de mente

por unos cuantos libros archivados en el seso,

el ocio parece un privilegio.

 

Ayer quise

vestirme de frivolidad.

De Greta Garbo de aparador,

de cascarón de huevo pascual,

de envoltura de Gansito.

 

De tonada de Madonna.

De practicidad con zíper.

 

Porque ha dejado de tener sentido

ceder el asiento en el metro.

 

Porque esto de ser competente

es cansado y estéril.

 

Y si acaso es cierto

que la ignorancia es felicidad,

nadie podrá afirmar

que no habrán de enterrarnos

con una sonrisa en los labios.

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