Europa en Crisis

Por Esteban Tovar

Foto por Daniel Silveira

En 2011, la otrora blindada y “segura” Unión Europea (UE) vivó su segunda crisis financiera más fuerte a tan solo tres años de la famosa crisis inmobiliaria que arrastró y contrajo de su más grande aliado y enemigo, lo Estados Unidos. Sin embargo, en esta ocasión, el error vino del interior, lo que ha generado severas críticas sobre la viabilidad del proyecto comunitario y si realmente la legislación fiscal vigente en la región es capaz de evitar y prevenir magros desastres financieros.

¿Qué falló? Fue la pregunta que seguramente rondó y dejó en vela a varios de los miembros del Consejo de Ministros de Finanzas (Ecofin) de la Unión Europea; y que seguramente también fue planteada por Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy en sus múltiples reuniones, las cuales tenían la característica de dejar en suspenso y con gran incertidumbre a varios inversionistas del mundo. La respuesta resultó sencilla de encontrar pero preocupante de poder controla. La variable que no fue exhaustivamente comprendida había sido el factor político inherente a toda decisión económica y que sistemáticamente endeudó de sobremanera a varios de sus miembros que más se jactaban de un crecimiento exponencial tras su admisión a este acuerdo transnacional.

Los gastos observados en países como Italia, España, Portugal, Irlanda y Grecia que privilegiaron los aspectos políticos y clientelares sobre la eficiencia presupuestaria tuvieron su precio. Más allá de la discusión determinista de si estos problemas no hubieran sucedido si partidos de izquierda o de derecha hubiesen estado al frente del gobierno de alguna nación en particular, lo más trascedente fue que no existía por parte de las autoridades encargadas de velar por los asuntos económicos y monetarios de la UE algún mecanismo de detección oportuna o que orillara a los líderes políticos mediante incentivos a la procuración de finanzas sanas. Desde mi punto de vista, el grupo de los países europeos en crisis, por un par de años con la bonanza que les trajo los ser incluidos en ese grupo, comenzaron a comportarse, en términos de gasto, como economías desarrolladas con grandes Estados de bienestar, sin tener verse obligados a transitar por diferentes etapas de maduración política y fiscal, es decir, sin tener la adecuada suficiente para salvaguardar su erario público. Y así, toco a los países con cuentas nacionales sanas a sacrificarse, por la sobrevivencia de sus irresponsables colaboradores y de su alianza supranacional.

Socialmente esta crisis ha puesto al límite a las instituciones nacionales de cada región y ha dejado entrever problemas de desigualdad que para muchos analista parecían ya superadas desde finales del siglo XX. Así, todavía ahora observamos las diversas protestas contra los nuevos gobiernos que ascendieron al poder tras la catarsis de sus antecesores. Por ejemplo, el gobierno del Partido Popular en España encabezado por Mariano Rajoy se enfrenta a movimientos sociales heredados de la administración de Zapatero o las numerosas marchas frente al Parlamento Griego durante la discusión legislativa de las políticas de austeridad.

El 2012 estará marcado por el descontento social europero, tal y como el 2011 será recordado por la movilizaciones sociales del mundo árabe. ¿Podrá resisitlrlo el Viejo Continente?

Anuncios