Amor en la política

Por Esteban Tovar

Foto por Eneas de Troya

Esta semana se festeja el 14 de febrero, día de San Valentín, que vulgarmente es reconocido y aceptado, sin ninguna justificación salvo la comercial, como la gran celebración internacional del amor y la amistad. Bajo este supuesto, aprovecharé esta sección para hablar del uso electoral del “amor” en el espectro político mexicano, que en los últimos tiempos parece estar de moda.

Seguramente, tras haber leído el párrafo anterior y si usted, estimado lector, ha seguido este extraño proceso electoral de 2012, seguramente lo primero que se le vino a la cabeza ha sido la campaña que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha llevado a cabo desde finales de noviembre y que utiliza el concepto del cual hoy hacemos referencia, de manera reiterativa y clave, para definirse y presentarse ante el electorado, con el fin de obtener la Presidencia de la República el primero de julio. La propuesta amorosa de AMLO aparece entonces como un cambio radical al estilo sabido del político tabasqueño que desde 2006 ha recorrido lo más de 2 mil municipios del país. Y si usted es de las personas que simplemente lo descalifica, con meros prejuicios que no pueden ser comprobados fuera de una simple plática política de café, valdría la pena que le diera una segunda pensada a lo que está ocurriendo con la izquierda mexicana para estas elecciones, que es políticamente racional(… y amoroso)

El cambio de López Obrador y de los partidos de izquierda que a él abanderan, buscan replantear la percepción que los votantes han tenido de éstos desde hace varios años, buscando, desde mi punto de vista, terminar con la errónea concepción de fuerza política “radical” que le fe impuesto por el viejo régimen y que lo alejaba de la media del electorado, lo que por ende le restaba votos. Mediante la utilización del “amor” como sinónimo de reconciliación, unidad y perdón, se intenta de manera racional cerrar la brecha creada entre muchos votantes y el aún precandidato que se generó desde su gobierno al frente del Gobierno del Distrito Federal a principios de la década pasada. Y por más burlas o dudas que esta estrategia genere, puede resultarle mucho mejor a la táctica utilizada en el último proceso electoral, en donde la confrontación con la clase media y medios de comunicación dominaba la agenda.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, la cicatriza dejada a los habitantes de la ciudad de México con el platón de 2006, así como el embate que ha sufrido Obrador por parte de diversos líderes empresariales y de opinión, no se borra con una campaña amorosa, pues para muchos este ofrecimiento de reconciliación es falso y carece de sustento. En ese sentido, el equipo de campaña deberá resolver cómo llegarles a estos opositores férreos (que no creen en su amor), que pueden definir una elección, ya que apostar a los votantes que consistentemente han apoyado al Partido de la Revolución Democrática (PRD) o este precandidato, no parecen ser suficiente para otorgarle el triunfo, como ocurrió en el proceso electoral pasado.

En fin, siempre se gana más con miel que con hiel, como dirían los sabios. Aún esta por verse si esta campaña de miel y amor es suficiente para opacar al Obrador de hiel al que el electorado estaba acostumbrado a amar u odiar.

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