Una vez desperté en un lugar que no conocía.

Por Claudia Gocc

My beerdrunk soul is sadder than all the dead christmas trees of the world. Charles
Bukowski

 

Foto por Trey Ratcliff

Una vez desperté en un lugar que no conocía, no fue un error nocturno, simplemente llegué ahí no me preguntes cómo. Era una habitación muy grande iluminada tan sólo por una ventana, cuando intenté caminar casi doy al suelo, pues una caja repleta de libros se encontraba acomodada exactamente en mi camino. Los libros se desmoronaron en el instante que quise hojearlos, al parecer estaban hechos de un material que parecía harina. No quise indagar más porque pensé que ese polvo podía entrar en mis pulmones y dejarme  sin respirar en un lugar de por si ya irrespirable.

Cuando finalmente llegué a la ventana mi cuerpo se paralizó y simplemente dejó de respirar. Ya no pertenecía a ese lugar, lo que había visto no encajaba con nada antes conocido. No había plantas ni animales, ni sol ni luna, ni arena ni cielo, no había nada: el insignificante cuarto también se hizo harina.

Llore dos horas seguidas, dos míseras horas llenas de culpabilidad, por ese arbolito de navidad muerto abandonado frente a mi ventana.

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