Los debates en México: su siguiente etapa.

Por Esteban Tovar

Con el primer pseudo-debate entre los precandidatos a la Presidencia de la República por parte del Partido Acción Nacional (PAN) realizado hace pocas semanas; el tema de los “debates” comienza a tomar relevancia en medios de comunicación y prensa política especializada. La pregunta de su trascendía real como mecanismo democrático de alta importancia e impacto significativo que influye una decisión de voto futuro queda todavía en el aire. Es cuestionable que el desgate y costo institucional de organizar, preparar y darle seguimiento a un debate se vea reflejado en un beneficio electoral real. Sin embargo, su presencia es vital para quienes se jactan de vivir en democracia al ser considerado un instrumento básico de libertad de expresión.

Recordemos que apenas para la elección Presidencial de 1994, con la apertura del sistema político mexicano, las condiciones fueron propicias para poder realizar este ejercicio entre los principales candidatos a ocupar el cargo público de Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; en ese sentido, este 2012 será el cuarto año electoral en que nos veremos enfrascados en los famosos debates. Existen, en ese sentido, pocos ejemplos en nuestra incipiente democracia para poder desmentir la hipótesis que los debates ganan elecciones, caso contrario a lo que ocurre en los Estados Unidos, en donde la figura del debate es crucial para la definición de una elección, como actualmente ocurre con los precandidatos republicanos o el recordado debate entre J.F Kennedy y Richard Nixon en 1960.

Para el caso mexicano por su aparte, se pueden identificar dos casos emblemáticos respecto a esta clase de ejercicios democráticos, que se contraponen y abren la discusión sobre su trascendencia en el electorado. Por un lado, el recordado debate entre Diego Fernández de Cevallos, Ernesto Zedillo y Cuauhtémoc Cárdenas el 11 y 12 de mayo de 1994, en donde el aspirante panista haciendo gala de su impecable oratoria confunde, engancha y derrota al candidato tecnócrata del Partido Revolucionario Institucional (PRI); pero quien al final sale victorioso en dicha elección aún cuando es ridiculizado en el debate de marras. Por otro lado, uno de los varios errores que realizó el equipo de Andrés Manuel López Obrador en 2006 fue demeritar el efecto del debate pactado para el 25 de abril en dicho año electoral, lo que generó una cantidad importante de criticas al candidato puntero, lo que aunado a un gran número de decisión erróneas de su equipo de campaña, le costó perder la pasada elección.

Ahora, si bien es estadísticamente demostrable que periodo electoral tras periodo electoral el número de ciudadanos que realmente siguen estos debates crece, es también cierto que al mexicano promedio no le interesa, para bien o para mal, este tipo de ejercicios. Este desgano por la figura del debate se relaciona directamente al desinterés que los partidos políticos han inyectado en las nuevas generaciones de votantes y del desgasto discurso de los políticos, cuyo efecto es perfectamente cuantificable en el creciente número de votos nulos que elección tras elección se registran.

Así, el primero paso en donde las fuerzas políticas en México pactan para debatir y reconocen su importancia democrática, está ya dado; sin embargo, falta dar el siguiente salto a un ejercicio de calidad que confronte a sus participantes e incentive la confrontación real de proyectos de trabajo, en lugar de privilegiar la mera exposición de ideas. La discusión no debe de ser censurada ni rehuida, sino privilegiada e incentivada; pues de lo contrario, esta práctica caerá aún más en el desinterés del elector.

Así, para este 2012, el Instituto Federal Electoral ha creado una comisión temporal integrada por sus consejero y  representantes de los partidos políticos para definir los tiempos y reglas para los debates de esta contienda. Está por verse cómo cada fuerza política enfrenta este desafío y si son capaces de evolucionar en el uso de este ejercicio democrático a favor de la democracia mexicana o seguirán privilegiando la tenue manifestación de ideas prefabricadas ya conocidas. Yo apuesto a esta segunda opción.

De inicio…

Lectores de El Topo presento ante ustedes esta nueva sección de política titulada “El Zaguán” que pretende ser la puerta de entrada a la vida política de México y el mundo con un toque realista y crudo. Los espero aquí para tratar sin censura los temas de mayor coyuntura. Ni un paso atrás, ni para tomar vuelo…

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