Estimado Banco de la Alegría

Por Valeria Castel

Si acaso recibiera un peso -o cualquier moneda corriente que el contexto sugiriera- por cada vez que la asquerosa sensación de fraude me invade, probablemente tendría una cuenta en las Islas Caimán. Y se echa de ver, como uno de estos folclóricos individuos involucrados habría de expresarse, que los prestanombres sentimentales abundan.

No me tome esto a mal, estimada institución cuyos beneficios he fallado en magnificar en mis complacientes reflexiones. No se trata de una cuestión personal, revanchista ni mucho menos. Es que tener otro muerto en la conciencia no parece la mejor movida en mi actual situación. La economía sentimental me ha vapuleado aún más que sus crecientes intereses.

Sin embargo, el desprecio no escapa de mis razones. Permítaseme aclarar que la naturaleza de esta institución me parece deleznable. Si bien los tropiezos sentimentales de su servidora han llenado sus bolsillos de intereses y la tentación de un préstamo a rédito ha atormentado mis noches, permítame decirle a quien corresponda que esto es una mentada de madre.

Por otro lado, adjuntaré todos los recursos que el Banco tuvo a bien procurarme en mis precedentes años como cuentahabiente: la foto de veinte sonrisas gilipollas, una caricia en la cintura en la fila del cine, una servilleta con cierto garabato dedicado y tres penosas lágrimas que escaparon de la cárcel de un orgasmo. Sírvanse saber que la sobrepoblación de mariposas estomacales les será enviada a la oficina central por parte de mi asistente. Si bien sus políticas no permiten la devolución del insoportable aroma que llevo en el recuerdo, solicito una remuneración inmediata a causa de demencia temporal, debido la traumática repercusión que esta medida ha tenido en mi vida normal. He decidido también demandar por el acrecentado algia de mi nostalgia, consecuencia de su pésimo servicio.

Sin más por el momento, me deslindo de toda responsabilidad producida por mi anterior registro como cuentahabiente activa de la institución.

Permítanse pues esperar más instrucciones por parte de mi abogado.

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