Intervención

Por Valeria Castel

Ven a lamerme las heridas. Las que tu holocausto dejó detrás de mis ojos, entre el pecho y el espinazo. Me gusta pensar que eso me debes.

Háblame con el idioma de la bestia, furioso y rampante en busca de violencia, que no paz vacía. Vuélcame entre las piernas el horror de la guerra, ganémonos la redención por medio de la carne. Abáteme con la devoción de quien intenta revivir la patria vejada, vuélveme a marcar con el húmedo aliento de feroces sonidos. Cógeme con ganas asesinas.

Somos trauma desde el inicio. Desde el instante en que el caer de bombas de afuera era un inocente juego de canicas al espiar por las ventanas de nuestro propio campo de batalla. Al filo de las navajas apoyadas contra la garganta, con grilletes de hierro asegurándome por la cadera – llevando a término nuestra propia guerra civil. Con el alarido de correrse como grito de batalla, como promesa de un conflicto voluntariamente interminable.

No pretendo tener mejores estrategias que las tuyas. Prefiero ser el resultado de tu agresión. Ocurramos como toda campal batalla: contigo dentro como el dulce terror de ser mancillada por tu bélica fuerza sin previo aviso.

Seré sobreviviente bajo mis propios términos.

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