Compro, luego existo

 por Pablo Daniel G Cortés

La búsqueda de la riqueza no tiene más objeto que excitar la admiración o la envidia

-C. Lasch

Se acerca la Navidad, esa festividad muy celebrada y muy poco entendida, bien por ignorar su pasado o simple desinterés. No pretendo dar clases de historia, para eso hay otros medios, pero algo que es muy visto en esta época es el caos por la adquisición de regalos para amigos y familiares, avenidas y centros comerciales son abarrotados por ansiosos consumidores dispuestos a exprimir cada peso de su tan merecido aguinaldo.

Meses sin intereses, veintes, treintas porcientos de descuento nos seducen con sus facilidades para adquirir artículos podamos o no pagarlos. Debo admitir que he caído en dichas garras del ‘tarjetazo’, suelo ser comprador de boletos para conciertos, libros y películas… así como de música por internet, sin embargo quiero suponer que aún estoy algunos pasos detrás de casos psicológicos de shopping como generador de felicidad.

El “shopping” como acción social ha tomado el lugar de la socialización íntima, las plazas públicas se han remplazado por plazas comerciales. Las primeras han sido relegadas a pasear al perro e ir a correr (solos) y las segundas se vuelven punto de reunión y socialización, donde la acción de socializar va estrechamente ligada a la acción de comprar, llegando a sufrir una angustia terrible si vamos a la plaza y no consumimos al menos un helado, vamos al cine o una taza de café.

Desarrollamos un hiper-individualismo por y para sí mismo haciendo que el ser humano no exista si no consume, (compro, luego existo) colapsando las redes interpersonales incapacitándolas de unidad y sentido de colectividad. He ahí el desastre político y social del mundo entero.

Nos aislamos en nuestros celulares, audífonos, computadoras personales, autos, etc. Generamos un estrés ante la desposesión nos enajenamos con nuestras posesiones, damos nombres a automóviles, computadoras y demás objetos personales (nombrar es dotar vida, nombrar es poseer) dando a objetos inanimados poder sobre nuestro estado de ánimo. Generamos dependencia irracional a la interconectividad aislada, vivimos en un mundo material y esta época es la mayor perversión de esta condición, gente casi patinando con tarjetas de crédito que después los perseguirán con intereses moratorios, somos esclavos de instituciones bancarias.

Navidad y Fin de año, sea cual sea su religión, no debe basarse en cuánto tenga, cuánto pueda comprar, se debe tratar de cerrar un año, bueno o malo según sea su caso, buscar qué puede cambiar para mejorar, limpiarse el polvo, y empezar un nuevo año. Un regalo no debe ser muestra de estatus, debe ser muestra de cariño y de interés.

Tengo twitter… @plasticgallery

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