Hipo-tesis

Por Valeria Castel

Figúrese usted que se encuentra en un cuarto en medio del bosque, donde los árboles cantan rimas en sánscrito. En medio de la cabaña que usted habita, se ha percatado de que tras el sillón que ocupa una malhumorada trucha se encuentra Audrey Hepburn. Asustada, decide salir del escondite, y usted como buena persona que cree en las leyes de los Santos de los Días Bisiestos del Año decide ayudarle en lo que fuere posible.

Desde luego, esta oferta no viene sola, puesto que usted se encuentra ataviado con su sombrero de moscovita y un largo cayado modelo Moisés y las Tablas de la Ley. Por perfecto que su cayado sea para fines de apartar el mar de lado a lado, Hepburn condena su cuestionable gusto, que no corresponde ni por error al vistoso sombrero de Funny Face – cuya propiedad causara escándalo al adjudicárselo Margaret Thatcher.

Sin embargo, para este momento, su último problema es la negativa de Hepburn (quien ahora le echa en cara su peinado a lo hare krishna). El verdadero obstáculo llega con la antes mencionada trucha, que ha decidido intervenir sin ser llamada, proveyéndole una elaborada explicación que versa sobre los principios filosóficos detrás de la letra de “Pollito con papas”. Al continuar la cátedra, usted sólo puede pensar una cosa: después de recordar dónde dejó el cepillo de dientes que empacó comenzará a apuntar el sentido de la vida que la trucha ha revelado, esta vez con taquigrafía.

No obstante, acaba de recordar que ha olvidado sus lecciones de taquigrafía, aunque probablemente sea que sólo asistió cinco minutos, dado que el resto versó sobre la barba de Ho Chi Minh. Empapado en sudor, la epifanía se acaba. La hipo- tesis está completa y ya es posible enmicarla para tenerla en el bolsillo del pantalón, a sólo 5 pesitos.

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