Más allá de la Muerte: Roberto Clemente y Edwin Valero

Por Daniel Velasco Fabila

Al igual que la vida, la carrera de los deportistas tiene un final, que dependiendo de diversas circunstancias tales como la cantidad de triunfos, calidad de los rivales, integridad deportiva, entre otros, ésta será recordada bien o mal por los aficionados y servirá como ejemplo de lo que debe o no hacerse en los diferentes escenarios deportivos.

Independientemente de cuál sea la forma en que un atleta permanecerá  en la memoria de los aficionados, sus carreras suelen atraer más atención cuando éstas se ven interrumpidas por un desenlace trágico. En ocasiones, su muerte contribuye a enaltecer todavía más sus vastas glorias. Sin embargo también existen casos en los que la muerte de un deportista se convierte en el inicio de una serie de revelaciones que convierten a la leyenda en algo impropio de su grandeza deportiva.

En el primer grupo, por ejemplo, podríamos encontrar a Roberto Clemente, beisbolista puertorriqueño que jugara para los Pittsburgh Pirates desde 1955 hasta 1972, año en que desafortunadamente perdió la vida en un accidente aéreo. Durante su carrera, Roberto Clemente se convirtió en parte fundamental para que el conjunto de Pennsylvania consiguiera las Series Mundiales de 1960 y 1971, de hecho ese último año fue nombrado el Jugador Más Valioso de la Serie contra los Baltimore Orioles.  Como pelotero participó en 15 Juegos de las Estrellas, ganó 12 Guantes de Oro y 4 títulos de bateo en la Liga Nacional. Fuera del diamante, Clemente se había convertido también en un ídolo, pues dedicaba su tiempo libre a obras de caridad en diversas partes de Estados Unidos, pero sobretodo en Puerto Rico y América Latina.

Sin embargo, la figura de Roberto Clemente se convirtió en leyenda el 31 de diciembre de 1972. Días antes, la ciudad de Managua había sido afectada por un terremoto, lo que provocó que el pelotero boricua enviara numerosas cargas de ayuda para los damnificados. Por desgracia, la ayuda que él mandaba no era distribuida entre las personas afectadas debido a la corrupción de las autoridades. Al enterarse de esto, Clemente decidió enviar un nuevo cargamento, pero esta vez, él se encargaría de repartir la ayuda personalmente.  El avión en el que viajaba se desplomó en las costas de Isla Verde en su natal Puerto Rico. Su cuerpo nunca fue recuperado.

Tras su muerte, el nombre de Roberto Clemente fue ingresado al Salón de la Fama de la MLB en 1973. Además la liga creó el Premio Roberto Clemente, que se entrega al pelotero cuyas acciones fuera del diamante más se asemejen a las tareas que realizaba el puertorriqueño. Clemente ha recibido varias condecoraciones póstumas que han hecho de él una leyenda del deporte.

Caso contrario, se encuentra el de Edwin Valero, un boxeador venezolano cuyo talento era indiscutible. “El Inca” como era conocido en el mundo del pugilismo había mostrado rápidamente su capacidad, talento y poder de puños, pues con tan sólo 20 peleas como profesional, logró adjudicarse el cinturón de Peso Súper Pluma de la Asociación Mundial de Boxeo en el año 2006. Tras haber realizado 5 defensas exitosas, enfrentó a Antonio Pitalúa por el título vacante de Peso Ligero del Consejo Mundial de Boxeo. El púgil colombiano no representó mucha dificultad para Valero, ya que éste lo venció en tan sólo 2 episodios.

Valero, quien permanecía invicto en 27 combates, parecía tener una carrera prometedora. Sin embargo, en 2009 todo comenzaba a cambiar para él, ya que fue acusado de agresión a una mujer, cargo del que posteriormente fue absuelto. No obstante, éste no sería el único incidente que involucraría al “Inca” en problemas ante la justicia. Al año siguiente, su esposa lo acusó de agresión física motivo por el cuál Valero fue enviado a rehabilitación psiquiátrica durante 6 meses.

Finalmente, el 18 de abril de 2010 Edwin fue arrestado luego de que el cadáver de su esposa fuera encontrado en un hotel de la ciudad venezolana de Valencia. En la comisaría, Valero admitiría que había sido él quien asesinó a su esposa. A la mañana siguiente fue encontrado muerto en su celda luego de haberse ahorcado a sí mismo.

Roberto Clemente y Edwin Valero, dos auténticos fueras de serie en sus respectivas disciplinas, quedarán inmortalizados en la más pura esencia del deporte como dos atletas incomparables, que día a día mostraban con el poder de sus puños o de su bate que eran capaces de poner de pie a un estadio o un auditorio y llevar al público presente,  al clímax en cada una de sus emociones.

Sin embrago, sus carreras también estarán diferenciadas por dos veredas que ya sean positivas o negativas, nos enseñan una cara que no quisiéramos ver en el deporte: la cara del sufrimiento y de la tristeza producto de la muerte.

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