De feniletilamina y otras sustancias.

Por Lucía Bolivar

 

Mis muy queridos y estimados lectores, primero que nada, una disculpa por ausentarme la edición pasada, la verdad es que últimamente he tenido una carga algo excesiva de trabajo, y para variar esta semana he andado en avión, lancha, helicóptero, etc… Pero ya estoy de vuelta, y hoy les quiero contar del amor, o más bien, de la feniletilamina.

Claro que algo tan simple como una formula química no alcanza a justificar todo lo que una persona nos hace sentir, ni todas las locuras, torpezas o grandezas que se han cometido por amor, pero puedo darnos una idea del porqué de algunas cosas a las que a veces no les hayamos sentido.

Por ejemplo, ¿Alguna vez los han mirado de una manera que sienten un recorrido de electricidad por toda la piel?, ¿Alguna vez el simple roce de alguien ha despertado sus más bajos instintos? ¿Han soñado despiertos, fantaseado e imaginado una y mil cosas junto a una persona en particular? Creo que todos nos hemos sentido así alguna vez en nuestras vidas. Y los científicos, a los que les encanta encontrar respuestas hasta para las preguntas que no se han formulado, determinaron que todas esas sensaciones eran posibles gracias a un alcaloide natural llamado feniletilamina que produce nuestro cerebro al estar frente a esa persona especial.

Es como dijeran alguna vez “Al inundarse el cerebro de esta sustancia (feniletilamina), éste responde mediante la secreción de dopamina (neurotransmisor responsable de los mecanismos de refuerzo del cerebro, es decir, de la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer), norepinefrina y oxiticina (un mensajero químico del deseo sexual), y comienza el trabajo de los neurotransmisores que dan lugar a los arrebatos sentimentales”.

Así que cuando nos enamoramos, es como si naturalmente nos drogáramos, y como cualquier droga, al no aumentar la dosis que se recibe, nos acostumbramos a ella, y cada vez nos va surtiendo menos efecto, y por eso, después de un cierto tiempo, ya no sentimos lo mismo al mirar o tocar a esa persona, yo creo que es ahí donde ya la ciencia no tiene lugar, sino todo lo que surge más allá de las reacciones del cerebro y las sustancias excitantes que circulan por nuestro cuerpo. Claro que la ciencia no puede descifrar algo tan complejo, tan tortuoso, tan maravilloso como complicado, pero al menos ya saben el precursor químico del porque inicia todo. Incluso, cabe mencionar, ya le dieron un nombre al síndrome del corazón roto, y de cómo una persona puede, científicamente, morir de amor, como la niña de Guatemala en el famoso poema.

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