Nacionalismo y patria.

Por Pablo Daniel G Cortés

“La ideología del siglo XXI debe ser el humanismo global, pero tiene dos peligrosos enemigos: el nacionalismo y el fundamentalismo religioso.”

    Ryszard Kapuscinski

Como seres humanos, nacemos y buscamos interminablemente una identidad, sea por lugar, ideología, raza, profesión, etc. Yo por ejemplo, me identifico como irapuatense, guanajuatense, mexicano, latinoamericano, escritor, universitario, periodista, liberal, editor, y demás de etiquetas necesarias en busca de esa pertenencia que nos libere de esa irremediable ansiedad de la soledad.

Sin embargo, hay una identidad que debe ser superior a todas, ya lo decía Marshall McLuhan y la Aldea Global o John Lennon en Imagine (Imagine there’s no countries). Sin duda una idea cuasi utópica de ser miembros de una sola nación y cantar kumbaya tomados de la mano (aleje de su mente esa canción asquerosa de Pee Wee). Pero sin duda creó que esa división entre países y ese exacerbado nacionalismo fomentado en ciertos países como el propio, nos ha llevado a un etnocentrismo y xenofobia.

Ese patrioterismo idiota que llevó a muchos a festejar hace diez años el ataque a las Torres Gemelas incluso a escribir en algunos medios nacionales “se lo merecían”. No soy pro-yankee, incluso si me siguen tanto en esta su columna como en mi cuenta de twitter sabrán que soy un fuerte crítico de estos, por lo mismo, su etnocentrismo y xenofobia. O ese mismo patrioterismo que hace que muchos apedreen el monumento a Cristóbal Colón, como si todos nosotros fuéramos mexicas, zapotecos, mayas y demás. Yo soy mestizo como la gran mayoría en este país, somos parte de una fusión de razas tomando lo bueno y malo de europeos combinándolo con lo bueno y malo de nativos.

Pero una nación joven como la nuestra, (apenas 201 años de edad) llena de diferentes etnias en todo su territorio, buscó en su fundación forjar mitos que afirmaran un nacionalismo para defenderse de amenazas invasoras, polarizándonos aún más. Buscó símbolos “mexicanos” la cultura Mexica como cultura madre, al charro jalisciense como la imagen del mexicano típico, alto blanco y a caballo, fuerte, machista y mujeriego. Y lo reforzó con el cine, la televisión y la literatura.

No hay un único México, pero no por eso debemos entendernos como diferentes, el 15 y 16 de septiembre debe ser un momento de festejo, de festejar que aquí nos tocó vivir, no sólo agitar banderitas y tomar tequila, es festejar una porción de nuestra identidad, la mexicana. Sin embargo no debemos olvidar que nuestras diferencias es lo que nos hacen partes de una sola humanidad, esa Aldea Global o mundo imaginario de John Lennon. No hay otros sino en otro lado, mexicanos por nacimiento, ciudadanos del mundo por necesidad.

Viva México…pulque, chile y tamales.

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