Malinchismo

Por Lucía Bolivar

Creo que resultará bastante obvio que para esta edición el tema debía ser patriótico. Debo decir que yo amo profundamente a mi país y me siento muy orgullosa de ser mexicana y de conocer mi historia y mis raíces, puedo decir lo que no muchos porque tristemente el país no tiene arraigado el gusto por la lectura, de que he leído bastante al respecto.

Pero por alguna razón, no quise escribir de Miguel Hidalgo o del ejercito Trigarante, del abrazo de Acatempan o de las mujeres independentistas, del mito del pípila, o de la Alhóndiga de Granaditas. Sentía que todos esos temas ya se han abordado de más. Y es que como comentaba en la edición anterior, de la historia nunca se sabrá lo que realmente ocurrió, solo lo que se conservo desde el punto de vista de quien oportunamente, lo escribió en su tiempo.

Entonces recordé a mi amada madre, que desde pequeña me recitaba poesía, y a mi mente vino el verso “¡oh! Maldición de Malinche, Enfermedad del presente ¿Cuándo dejarás mi tierra? ¿Cuándo harás libre a mi gente?”. En diversas ocasiones yo he dicho “No seas malinchista” y criticado a nuestra sociedad por comportamientos malinchistas.

Así que decidí contarles al respecto.

Para empezar, creo que solo en un país como el nuestro podría surgir un adjetivo calificativo para un comportamiento tan preciso y cuyo origen sea el nombre de una mujer. Una mujer que marcó decisivamente nuestra historia, que cometió (como muchos hemos hecho) locuras por amor, como muchos de ustedes muy probablemente ya sepan, ella amo a Hernán Cortes y lo ayudó a conquistarnos.

 Lo cierto es que este poema del siglo pasado sigue siendo verdad en nuestros días, y cuando lo pienso, mi corazón se llena de tristeza. Yo me pregunto ¿Por qué todos los comerciales que salen en la TV son con niños rubios de ojos verdes? Eso no representa a la mayoría de nuestra gente. Recuerdo estar en la secundaria y que mis compañeros se traumatizaran si se asoleaban porque se ponían “morenitos”, o que porque una chava fuera de piel blanca dijeran “Uy pero que guapa”. ¿Dónde queda el amor propio, a nuestras raíces, a nuestro mestizaje, a nuestra cultura?, yo personalmente, adoro mi color de piel, y lo que mas le recrimino a mis padres es no poder rastrear directamente un antepasado indígena. ¿Cuántos no sueñan con estar ante la torre Eiffel o visitar Disney y nunca han estado en Chichen-Itza o Teotihuacan? ¿Acaso no es común usar la expresión “Eres un indio” para decirle tonto o estúpido a alguien?, esto me recuerda a otra frase del poema que dice “nos siguen llegando rubios y les abrimos la casa y los llamamos amigos. Pero si llega cansado un indio de andar la sierra lo humillamos y lo vemos como extraño por su tierra.”

Así que si no conocían el  término, ahora lo hacen, seguimos teniendo la Maldición de Malinche… Espero que algún día podamos romperla. Tal vez, solo tal vez, este artículo los haga pensar un poco y reflexionar al respecto. De uno a uno se cambia el mundo ¿No? ¿Tú ya cambiaste o sigues maldito?

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