Ay, Patria

Por Valeria Castel

He llegado a la conclusión de que mi alma no tiene país de origen.

Me atrevería a decir que se ha declarado como nación independiente desde hace ya un buen tiempo. A veces pienso en migrar. Por balsa. Guardar todas mis fotografías y joyas – por escasas que éstas fueren – en el dobladillo de mi falda y huir. Aparentemente la policía migratoria no es precisamente amable.

A ratos pienso en dar un golpe de estado, pero todos mis yo, asentados en el tormentoso pasado, enclenque presente o incierto futuro parecen ser igual de cobardes. Se han amotinado tras improvisadas trincheras en la frontera – comienzo a pensar que no puedo confiar en ellas.

Un día de estos la fuga será inminente. Habrá que ver lo que espera tras las murallas.

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