Del Imperio Romano a la Edad Media.

Por Lucía Bolivar

 

“Por donde pisa mi caballo no vuelve a crecer la hierba” es una de las frases más memorables del guerrero y líder, clasificado como bárbaro pero cuya voz hacía temblar a ejércitos enteros, estoy hablando nada más y nada menos que de Atila, rey de los hunos. Se han hecho películas y escrito libros acerca de él, resaltando su crueldad y barbarie, pero hoy les voy a contar una versión un poco diferente.

Empezaré diciendo que en la historia sólo es posible saber lo que algunas personas en su momento escribieron al respecto, muchas veces desde un único punto de vista o desde el bando que lo vivieron (Recordemos el engaño en el que nos tuvieron los egipcios por siglos respecto a la batalla de Kadesh) por lo que es lógico pensar que se tuviera tan mal concepto de este personaje si los cronistas de ese entonces eran por lo general romanos, o aliados de estos.

Hoy en día, diversos investigadores ofrecen un concepto diferente Atila, sugiriendo que en realidad, no era tan bárbaro como se dice, que hablaba y sabia escribir diversos idiomas de la época, y resaltan que para liderar y unificar a tantísimas personas, se necesita cultura y una gran capacidad de persuasión, lo que me recordó por cierto que también estoy leyendo “The Influencer”, pero esa es harina de otro costal.

Uno pensaría que después de casi sucumbir ante un bárbaro africano (Aníbal “El Cartaginés”) muchos años antes, los romanos habrían aprendido su lección en cuanto a subestimar al enemigo, pero parece ser que la soberbia y el egocentrismo pudo con ellos. Creyeron que los hunos serían una más de las tribus bárbaras que no hacían nada, mas que darles problemas, pero no contaban con un hombre con la capacidad de unificarlos, hacerlos funcionar bajo planes y estrategias, destrozando todo a su paso.

Nunca sabremos que habría sido del mundo si Atila no hubiera muerto antes de terminar de estremecer a los romanos, porque claro, en lugar de morir como un guerrero en batalla, murió en una noche de bodas, y las teorías van desde conspiración de asesinato, hasta un aneurisma. Su muerte fue el fin de los hunos porque nadie pudo volver a unificarlos, y como dato curioso, la ubicación de su tumba sigue siendo un misterio.

Tras la muerte de este mítico guerrero, el imperio romano no volvió a ser el mismo, y poco después, cayó estrepitosamente. Lo que le siguió fue la Edad Media en la que sabemos ni la ciencia, ni la literatura, medicina y arte pudieron prosperar. Es por esto que yo considero a Atila “El azote de Dios” como un parte aguas entre dos épocas de la humanidad.

Quiero agradecerle a una persona muy especial. Fernando Cuentas Collado, por orientarme sin darse cuenta, al momento de enfocar este artículo. Gracias.

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