De protozoarios, bacterias y otros bichos

Por Lucia Bolivar

 

Mi primer contacto con un microscopio se remonta al año de 1997, era de nuevo la niña nueva de la escuela, y como ésta era bilingüe, yo pasaba la mitad del dia en regularización y la otra con mis compañeros, año muy solitario para mi. Y fue precisamente en uno de esos momentos de soledad recorriendo los pasillos y jardines cargados de árboles frutales de la escuela, que pasé por el laboratorio de química y biología del área de preparatoria, me asomé (siempre he sido curiosa) para ver de cerca lo que resultó ser una solitaria de siete metros enroscada dentro de un frasco. Desde entonces cuando podía me daba mis vueltas por ahí para ver al microscopio cosas como papel o un cabello y la encargada se divertía teniendo alguien a quien explicarle cosas y que le resultaran fascinantes. Un par de años después cuando entré a la secundaria, mi mamá me regaló “Los cazadores de Microbios” donde leí de Leehwenhoek, Spallanzani, Pasteur y demás colegas.

Te duele la panza y piensas “Tal vez tengo bichos”, ves el agua turbia en una laguna (si han visitado Tabasco estoy segura que la de Las Ilusiones vino a su mente) y dices si quieres sonar más propio “Ha de estar toda llena de microorganismos, buacala”. Pero lo cierto es que existe una inmensa variedad de ellos y lo único que tienen en común, es que son microoscopicos.

Estan por ejemplo, las algas cianofitas o cianobacterias, que las estudias tanto en zoología como en botánica, porque se consideran una especie de eslabón entre plantas y animales y tienen características muy particulares. Estan también otros microorganismos que se clasifican dentro de los protozoarios y que se alimentan de otros seres microscópicos, es decir, son heterotrofos, pero si no tienen que comer, tienen pigmentos fotosintéticos que les permiten generar su propio alimento, y así existen muchas variedades, subclasificaciones y combinaciones que nos parecerian imposibles de imaginar si no fuera porque son realidad.

Si lo piensas bien, lo único que tiene en comun los animales, es que se alimentan de otros seres vivos en lugar de generar su propio alimento, ya que por ejemplo, no todos los animales se desplazan, algunos se quedan estáticos toda su vida y hasta podrían a simple vista parecer plantas, pero no lo son.

A los seres humanos nos tomó miles de millones de años llegar a donde estamos, evolutivamente hablando, y aun así existen “bichos” que nos siguen asombrando conforme los vamos descubrimiendo por la forma en que se han adaptado a los lugares más inhospitos y las condiciones más adversas. Tal es el caso de las archaebacterias, y no, no son un tipo de bacterias, estan clasificadas paralelamente a estas, que en realidad se llaman eubacterias. Se diferencian porque las eubacterias tienen una capa de peptidoglicanos y las archaebacterias no, y porque éstas sólo viven en ambientes extremos. Como dato curioso, son los seres vivos más antiguos de todo el planeta, y es por ello que tienen sus características representativas, ya que en sus primeros años, la Tierra tenía las condiciones tan extremas de temperatura, presión, salinidad, etc a la que estos seres estan adaptadas y que hoy en dia se pueden encontrar, por ejemplo, en volcanes. Y por supuesto, estas y otros microorganismos son estudiados y analizados para ver que provecho podemos sacarles.

También tenemos a los que les decimos “parásitos” pero que son de diversas familias animales, algunos ni siquiera son microscopicos (recordemos la solitaria de 7 metros), y algunos los conocemos sin saberlo, por ejemplo, el paludismo lo transmite un mosquito, y el mal de chagas una chinche, pero en amobs casos son diferentes protozoarios que viven dentro de ellos, los que en realidad te enferman.

Y si te enfermas de dengue dices que el moquisto te enfermo, pero el en realidad sólo te transmitio un virus, y es aquí donde recaemos en el eterno debate sin fin sobre si los virus cuentan como seres vivos o no, ya que no se reproducen como tales, se replican utilizando las celulas del huesped.

Quiero dedicarle este articulo a esa laboratorista que me mostro por primera vez el mundo microscopico, y a mi maestra de la Universidad, la Lic. Perla Lopez Quintero, por transmitirme su pasión por los invertebrados en sus multiples variedades.

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