Desde mi trinchera

Por Pablo Daniel G Cortés

Es ampliamente conocido mi admiración por las ONG’s, esas organizaciones que buscan “completar” la tarea que debería hacer el gobierno. No podemos esperar que papá gobierno de cualquier nivel y de cualquier partido político (estoy desencantado de todos en nuestro país) cumplan con sus obligaciones, por la bastedad de sus funciones y la enorme corrupción hacen que materias como Seguridad, Impunidad, Ecología, Derechos Humanos sean relegados a un segundo, tercero, cuarto, quinto, sexto plano…bueno, me fui demasiado.

Hoy en día, gracias a que gente con el foco prendido y sin ese lastre de apatía que nos caracteriza al grueso de la población medianamente acomodada se ha puesto a trabajar con un pago mínimo o sin éste, arriesgando la seguridad y en varios casos la vida para defender personas que se encuentran desprotegidas.

Sin embargo esta actividad es tremendamente peligrosa, siempre que alguien quiere defender a alguien suele interponerse ante grupos o individuos poderosos, un ejemplo por la cercanía y la gravedad del mismo es el de los periodistas desaparecidos y asesinados por el simple hecho de hacer su trabajo…la alarmante cifra de 126 periodistas asesinados y otros tantos desaparecidos, colocan a México como el lugar más peligroso para hacer periodismo en el mundo entero, por encima de países en guerra, sin embargo esto no es lo peor sino que estos asesinatos y secuestros quedan en la absoluta impunidad, ¿acaso por el temor a descubrir la tan conocida verdad o a que los que deberían protegerlos son los mismos que los atacan?…digo

Uno creerá que el periodista es molesto, metiche vamos, pero está cumpliendo una labor social, el periodista tiene la firme idea de que nuestra labor cumple una función importante en la sociedad, informar, crear conciencia del mundo, que el individuo esté conciente de lo que pasa a su alrededor y de cómo esto le afecta, esa es la labor del periodista, sin embargo sabemos que muchas veces no es del agrado de grupos poderosos (ustedes pónganle nombre), y ahí está el resultado. Debemos exigir al gobierno protección a los periodistas…no con guaruras ni leyes protectoras, simplemente con la abolición de la impunidad.

Recientemente se lanzó la campaña “Yo me declaro” lanzada por la ONU y la CNDH en México…una campaña que sin mayores pretensiones que la de concienciar a la población de la situación de riesgo en la que se encuentran las ONG’s, buscan que la población sea más participativa y menos apática…con líderes de opinión de la talla de Lydia Cacho o Javier Solórzano buscan que todos digan “Yo me declaro defensor de defensores de los derechos humanos”.

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