Deporte y migración: Elementos del juego social

Por Daniel Velasco Fabila

 

En  los últimos 20 años, el crecimiento de la población a nivel mundial ha sido considerable y con ello otros fenómenos sociales como la migración, son notablemente visibles en la conformación cosmopolita de las grandes ciudades. Así mismo, la influencia cultural de los migrantes en sus nuevos asentamientos es cada vez más notoria.  Parte de esa cultura, está vinculada con el ámbito deportivo, ya que dicha influencia ha traído consigo cambios en las preferencias deportivas tradicionales en los habitantes de algunas regiones del orbe.

España, por ejemplo, ha sido un país al que deportivamente siempre se le ha relacionado con el fútbol y la tauromaquia. Estrellas de talla internacional como Emilio Butragueño, Andrés Iniesta, Manuel Laureano Rodríguez “Manolete” o Julián López “El Juli” son algunas de las joyas que la “Madre Patria” ha mostrado al mundo en estas disciplinas. Sin embargo, la atención del público español ya no ha sido captada únicamente por los goles y los “oles”.

Pau Gasol, jugador de Los Angeles Lakers ha logrado incrementar el interés de los ibéricos por el llamado deporte ráfaga. En 2002 ,Gasol fue nombrado novato del año en la NBA. Actualmente se ha convertido en un jugador clave para su equipo, y al lado de grandes figuras  como Kobe Bryant y Derek Fisher se proclamó campeón de la NBA en un par de ocasiones. Por si fuera poco, en 2006 se alzó como campeón mundial con la selección de su país y fue nombrado el jugador más valioso del torneo.

Un caso similar al que ocurre con los españoles tiene lugar en la “Isla del Encanto”, Puerto Rico. Seguramente al pensar en el deporte boricua vienen a la mente imágenes de béisbol protagonizadas seguramente por figuras como Iván Rodríguez, Jonathan Sánchez, Bengie Molina, Jorge Posada o Ángel Pagán. Sin embargo la percepción de la “pelota caliente” como el rey de los deportes en tierras boricuas parece estar cambiando gracias a José Juan Barea, un hombre pequeño en tierra de gigantes.

J.J. Barea, como es popularmente conocido, desempeñó un papel trascendental en la consagración de los Dallas Mavericks como monarcas de la NBA en la pasada campaña. Su talento, precisión y estilo agresivo de juego lo llevaron a ganarse un lugar en el cuadro titular de su equipo. Su carisma y humildad lo han convertido en un ídolo de la ciudad texana y de un país entero. La destreza que muestra a pesar de su baja estatura (1.82 mts) para hacer ver mal a sus rivales, ha hecho de él todo un fenómeno en Puerto Rico, al grado de que el básquetbol, según declaraciones de Barea, es ahora el nuevo deportes nacional de su país.

Hechos como los anteriormente citados, sólo muestran una de las consecuencias generadas por el fenómeno migratorio en el ámbito deportivo. Sin embargo, existen otros sucesos interesantes vinculados a dicha actividad humana que repercuten no sólo en la percepción local de una sociedad por el deporte, sino también en la percepción global de una sociedad a través del deporte.  Es decir, el deporte se convierte en un espejo mediante el que gente de todo el mundo puede ver reflejados cambios políticos e ideológicos en otras sociedades.

El mejor ejemplo para ilustrar lo aseverado con anterioridad, es la selección alemana de fútbol.

Trece años atrás, durante la Copa Mundial de 1998, el equipo alemán estaba conformado por 22 jugadores nacidos en el país bávaro. Increíblemente, aquel mundial significó la última vez en que un representativo alemán en Copa de Mundo se conformaba sólo con jugadores nacidos en aquel país. Cuatro años más tarde, en la justa celebrada en Corea y Japón, los teutones contaban entre sus filas con un jugador nacido en Polonia, Miroslav Klose, pero sobretodo, con un elemento de raza negra, Gerald Asamoah. En el Mundial de Sudáfrica la selección alemana contaba entre sus filas con jugadores originarios de Alemania, Brasil, Ghana, Polonia y Turquía.

Un equipo alemán como el de hoy dista mucho de parecerse al que alguna vez hubiese imaginado Adolf Hitler. Su idea una raza pura y superior contrasta con la diversidad que hoy presenta entre sus filas el representativo bávaro. La superioridad de una persona o un equipo no es cuestión de raza sino de trabajo, esfuerzo y capacidad para saber aprovechar las circunstancias del momento, algo que los alemanes siempre han sabido hacer mejor que muchos equipos en el mundo. El conjunto teutón es reflejo de su sociedad.

Hace más de medio siglo, la filosofía y política nazi llevaron a Alemania a sufrir en carne propia los horrores de una guerra propiciada por la intolerancia y el odio que sus gobernantes fortalecieron en el pueblo. Una vez realizada dicha tarea, el ejército alemán se dedicó a profanar otros territorios europeos y sembrar terror en ellos. Ahora,  más allá de que aún existen grupos conservadores y partidarios de la ideología nazi, la sociedad alemana se encuentra en una etapa de renovación, de apertura a nuevas ideas y aceptación de las mismas. Ejemplo de ello, es la ciudad de Berlín, capital del país,  y que actualmente es una de las urbes europeas más cosmopolitas.

Por último, existen una variedad de aristas mediante las cuáles podría analizarse la relación entre la migración y el deporte: el deporte como instrumento de pacificación en la sociedad, el crecimiento poblacional como catalizador de violencia en el deporte, etc. Curiosamente, el común denominador en cualquier análisis sobre el tema será que el deporte funcione como herramienta de cambio o espejo reflector. Al final, tanto la migración como el deporte son actividades pertenecientes al mismo juego: el juego social.

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