Si no lo veo, no existe

Por Cynthia Garrido.

 

Los Olvidados de Luis Buñuel es una de las mejores películas mexicanas, nombrada como Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO. Sin embargo, se necesitó del reconocimiento ajeno para que se lograra la consolidación del director español en México y sobre todo, de la película.

Siempre me ha molestado la gente que confía más en los consejos de amigos o desconocidos, antes de darle oportunidad a los de la familia y los verdaderamente cercanos. México es así, es un país que a pesar de que tiene buenos consejeros dentro, es hasta que otros dan su visto bueno  que asume tal o cual cosa como propia. Justo esto sucedió con Los Olvidados, película que retrata una dura y cruel realidad de finales de la década de los cuarenta, por primera vez se retrató la miseria y la pobreza sin tapujos, no veíamos un pobre feliz y resignado, sino pobres que verdaderamente sufrían, que se aprovechaban de otros, malos verdaderamente malos.

Como era de esperarse, a mucha gente le pareció impensable que esta película pudiera permanecer en cartelera y fue retirada a los pocos días de su estreno. Eso sí, en cuanto llegó a Francia y fue aclamada e incluso ganó el premio de Cannes, regresó con bombo y platillo para quedarse 2 meses en cartelera. Los mexicanos entonces decían “claro, es nuestra película, es cruel y triste, pero es nuestra realidad, maestro Buñuel, qué bien nos ha retratado, pero claro que no todos somos así”.

Hoy las cosas no son muy diferentes, cada día las películas mexicanas se agringan más y hay muy pocas que se atreven a mostrar el México crudo, corrupto, triste y desdichado que existe y que muchos viven día con día. Lo pudimos ver con la película “Presunto Culpable”, que fue censurada en repetidas ocasiones por poner en pantalla aquello que tanto se empeñan en ocultar y negar, esa corrupción que daña tanto nuestro sistema judicial. Claro que ahora contamos con medios de comunicación que permiten que la opinión pública tenga un impacto, pero eso impidió que por un tiempo se diera una prohibición.

Seguimos muy atrasados en materia de libertad de expresión, hay temas que son tabú todavía, a pesar de que la pobreza, la violencia y la corrupción se viven diario y están a simple vista, siguen siendo temas que las autoridades temen salgan a la luz. Como si esa luz fuera a reflejarse en ellos para volverlos piedra o cenizas, se empeñan en mantenernos atados.

Hoy estamos tan lejos de la libertad de expresión como lo estaban las generaciones en 1950, cuando Buñuel se atrevió a retratar un México que pocos veían en el extranjero. Lo cierto es que hoy tenemos más armas para luchar contra estos tabús, convertirlos en realidades de las que se hable sin ataduras, sin miedos. No temamos hablar de todo eso que se quiere censurar, qué mejor medio que el cine para llegar a tantos, no esperemos la validación ajena para aceptar lo  nuestro como bueno, real, cruel… en la medida en la que aceptemos más pronto nuestras debilidades, podremos acercarnos a la solución. Ya sé que suena optimista, pero si le diéramos más oportunidad al cine de contar esas historias dejadas en escritorios, censuradas por burócratas, tiradas a la basura; tendríamos más información para para luchar por la libertad que como sociedad, nos merecemos.

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