Hermana Lacandona

Por Claudia González

Hermana, la más vieja de todas, la que refunfuña cuando algo no le parece.

La que grita, llora, gime y se sacude cuando no es correspondida.

Tu amor debió ser perfecto, divino, celestial y el romance paradisiaco.

A veces te pienso y te amo, sobre todo cuando lloras.

Veo mi inocencia en tus ojos y aun así no entiendo tu conducta.

Lo que me pides es irónicamente inhumano, hoy en día.

Más vale aprovecharme de ti, mientras parpadeas.

Crujen aplastados; plátanos, camotes, calabazas y epazotes.

Los sonidos mayas se mezclan al imaginarte en esta carta.

Si me tocas, que sea cuando el azul sea negro.

Porque el jaguar, la guacamaya y la harpía, crujen por igual.

Eres tan compleja, a veces gris, como hoy.

 A veces amarilla como ayer, a veces verde, Lacandona

Y a veces roja, cuando te sulfuras.

Hoy sí pienso en ti, porque de no ser así, ya no estaré aquí.

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