Carta de un escritor: viñetas para el novel mentiroso.

Por Valeria Castel

 

  1. Estimado lector: Abrúmese usted ante lo que acaba de leer en el título. No soy un escritor retirado. Habrá de perseguirme este vicio hasta que sea yo comida para gusanos en términos prácticos.
  2. Critique, cuestione, llore, odie con intensidad, ame sin reparos. No de jamás por sentado lo que un hipócrita como yo, y otros tantos, le presentamos. Somos escritores: mentirosos de profesión y vocación que reciben aplausos por engañar. Somos escritores, malditos y abandonados a la terrible levedad del ser, a la temida suprasensibilidad.(1)
  3. Mis más aplaudidas (mentiras/gilipolleces/máximas pretensiosas) fueron concebidas en el sucio rincón de los cigarrillos y el café. Jamás del vino, éste le pone espirituosamente falso. No lo emplee a menos de ser un experto.
  4. Uno de mis más grandes amores (no hablo por todos, nunca me hicieron gracia las generalizaciones entre tanta excepción a la regla…) fue y será creeer que al mundo le interesa lo que tengo que decir, o aquéllo que me siento obligado a plasmar. Nunca escribí para nadie que no fuera yo.
  5. Como expresaba Nandino, jampas privé a mi carne ni a mi alma de ningún placer, por reprobable que éste resultara. Supongo desde siempre que la desfachatez es la eterna compañera del verdadero escritor.
  6. Advierta cuanto está alrededor. Todo es propicio a la experiencia estética. No tema vivir en tal dimensión: por experiencia propia, he de decirle que no es tan malo como se rumora.
  7. Ríase de sí mismo (no hace falta mencionar que usted el mejor crítico). No tema al ridículo: 99% de la vida transcurre dentro de éste.
  8. “Sean realistas, pidan lo imposible.” “¡La imaginación al poder!”. Ambas de Marcuse. Deje de temer por nimiedades estúpidas: “El mundo es de los osados”, como bien decía Wilde.
  9. Alimente sus demonios, deje de temerles. Esto último constituye la enorme diferencia entre el escritor osadamente verdadero y el gilipollas mamón que pretende concebir una legendaria novela en treinta minutos.
  10. Disfrute la infamia, tema mirar hacia adentro, pero hágalo. Aún siendo una perspectiva nada halagadora, no queda más que el sentimiento y el calcinante fuego de la pasión que uno puede concebir. Aliméntese de la duda ajena, y nazca cuantas veces sea necesario. Muera de amor, que le hace sentir vivo. Como decía Nietszche, lo que no mata, le hace más fuerte (y más deliciosamente gilipollas si me pregunta).
  11. Los escritores somos hierba mala que nunca muere. He dicho.
  12. Viva del alma vieja dentro de usted. Siempre he sostenido tal convicción: los escritores, raza condenada y extraña, somos la personificación del alma perpetua de bacanales.
  13. Paladee la ironía y el sarcasmo, que la vida se teje de ellos.

Después de tales pretenciosas consideraciones, sólo me resta invitarle a la nada. Viva. Es usted un escritor.

(1) Como yo gusto de llamarle. Nota de la redacción.

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