El juguetón en cada uno de nosotros

Por Cynthia Garrido

En conmemoración de la famosa fecha que se celebra hoy, quiero platicar de un tema que me parece muy divertido. Recuerdo que de pequeña me gustaban mucho las películas que se hacían para los de mi edad, las podía ver mil veces, y las mil veces me gustaban, hace poco estaba pensando, ¿por qué carambas sigo disfrutándolas tanto o incluso más? La respuesta es sencilla, hay una pequeña inquieta viviendo en mí.

Una de mis tareas en la chamba es la de coordinar un Cine Club que consiste en poner una película semanal y curiosamente las que más asistentes tienen son las dirigidas al público infantil, como esta semana que vimos Enredados que cuenta la historia de Rapunzel y es también la película número 50 de Disney. Por cierto, la recomiendo ampliamente, puede ser una gran opción para celebrar este día del niño.

La mayoría de películas infantiles tratan temas adultos desde una perspectiva fácil de entender para los chiquitines, pero son tan sutiles y ligeras- sin dejar de ser inteligentes- que resultan digeribles para grandes y pequeños. Tal es el caso de El Rey León, cuya temática es cruda y triste, pero tiene personajes como Timón y Pumba que equilibra, y es que ahí reside mucho del éxito de estas películas. Aunque la trama sea la más triste o los villanos sean peores que malos, siempre tendremos lo bueno que logra ese balance y claro está, un final de lo más feliz. A los “adultos”, lo pongo entre comillas porque no sé si un veinteañero sea realmente eso, nos encanta poder fantasear con la idea de lo fácil, de lo ligero, de lo no complicado, y es que la vida que se lleva puede ser rutinaria, con responsabilidad, frustraciones y demás cosas que nos mantienen cansados, como diría la gente… tristes y sin ilusiones… está bien exageré, me dejé llevar pero ustedes entenderán a qué me refiero. En fin, las películas infantiles son una ventana de oportunidad para juguetear con nuestro niño interno, para imaginar y por un breve instante, recordar que la vida no es tan complicada como la hemos hecho, que es muy fácil divertirse y perderse en una historia llena de magia, villanos, héroes, princesas; una película infantil nos regresa a esa etapa en la que los raspones no dolían, nunca se estaba demasiado cansado para jugar o imaginar, éramos princesas o ladrones. Ya me puse nostálgica y puede ser que ustedes también, así que este fin de semana desempolven esa copia de La Sirenita, El Rey León, Aladino, Pocahontas, La Bella y la Bestia, Toy Story o cualquier otra película que les recuerde su infancia, metan las palomitas al micro, pónganse cómodos y disfruten sin limitaciones, dejen salir a su juguetón niño interno y feliz día del chamaco.

Siempre recuerden… Hakuna Matata.

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